Varias gaviotas buscan comida en el patio de un colegio. | Jaume Morey

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Cada vez es más común encontrar gaviotas por las calles de Palma comiendo en el suelo restos de comida, de animales e incluso otras aves.

Hace más de una década, tras la clausura del vertedero de Son Reus, entonces su principal foco de alimentación, estas aves tuvieron que adaptarse a la nueva situación y buscar otros puntos de sustento. Paralelamente su población empezó a disminuir.

Sin vertedero como primera fuente de comida, se han convertido en una especie generalista que aprovechan todo lo que la ciudad les ofrece. Han sabido explotar recursos muy cercanos al hombre, y no es difícil verlas por sa Riera, sobre contenedores y coches. Incluso los patios de colegio han pasado a ser uno de sus rincones favoritos, al haber restos de la merienda de los niños.

Las gaviotas siempre han sido consideradas una plaga aunque no hay ningún indicio científico que demuestre que sea una especie nociva. El Govern lleva años sacrificándolas para evitar la superpoblación y los expertos coinciden en que en las Islas se ha sometido a este animal a un gran desgaste en el intento de controlar las colonias.

Cuando aún estaba en funcionamiento el vertedero, se puso en marcha un programa antigaviotas. Se contrató a un tirador cuya función era disparar contra los animales de forma aleatoria. También se usaron aves rapaces de cetrería como los halcones con el fin de realizar un efecto disuasorio.

Además de ser consideradas una plaga, muchos ciudadanos califican estos pájaros como de como animales «agresivos e indeseables», pero los expertos no coinciden con estas afirmaciones. Piensan que son una especie bastante «lista» y «práctica», aprende de otros animales y sabe adaptarse a las circunstancias del medio.

Desde el cierre de Son Reus, la población en la isla de sa Dragonera se ha reducido un tercio en un solo año. El plan de eliminación del Govern, el cierre del grifo de la comida suplementaria generada por la pesca y por los restos generados por el hombre ha surtido efecto.

Así, tal y como afirma Giacomo Tavecchia, científico titular en el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), «ningún plan de actuación basado en el desgaste de una especie ha conseguido tanto en tan poco tiempo».

Para intentar averiguar qué hacen las gaviotas cuando les cierran un vertedero, el IMEDEA decidió poner en marcha un nuevo programa que consistía en hacer un seguimiento de varios ejemplares para estudiar sus cambios de comportamiento después del cierre del basurero de Son Reus.

En 2017, colocaron un emisor en gaviotas de distinto sexo, concretamente a ocho ejemplares. Se trataba de una radio que funcionaba con batería solar y se encargaba de emitir la posición del animal cada 20 minutos. Para que el proyecto funcionara se contó con la ayuda de Toni Muñoz, portavoz del GOB Mallorca, que tuvo la idea de meter la radio en una mochila y ponerla de tal forma que no se moviera y siempre estuviera cargando al sol.

Con este proyecto, los ornitólogos han realizado importantes descubrimientos. Han observado que estas aves se pueden desplazar hasta el Cantábrico o Portugal en busca de alimentos, que muchas de ellas han decidido seguir escarbando en la basura de la ciudad, otras se van hasta el vertedero de Ibiza, al ser lo más parecido que tienen a Son Reus; otras han cambiado a una dieta más marina y comen invertebrados y algunas siguen depredando otras aves o mamíferos como las ratas.

Si el emisor falla, llevan sujetas unas manillas de plástico de lectura a distancia que permiten a los ornitólogos de otras partes del país identificarlas y estudiar todos sus movimientos: cuál es su trayectoria y hacia dónde se dirigen tras su época de reproducción.

Mala fama

Hay otras especies muy abundantes y dañinas para el ecosistema pero ninguna tiene una reputación tan negativa como la gaviota. El científico Giacomo Tavecchia defiende que este grupo es igual de depredador de aves que los gatos domésticos, sin embargo, estos no están tan criminalizados como ellas. También denuncia que otros animales que la gente considera más «bonitos» están mucho más valorados que las gaviotas.