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Buena parte de los profesores de Filosofía de la UIB han desfilado por el juicio contra un catedrático y un compañero suyo por acoso y han confirmado el clima de enfrentamiento abierto en la facultad. El decano, Miquel Deyá, señaló, por ejemplo, que tuvo que ir a una reunión de departamento para pedir a los docentes que sus malas relaciones personales no influyeran en las clases. Sin embargo, este testigo, propuesto por la defensa, no concretó sobre el acoso a la profesora denunciante. Dijo que no supo nada sobre ese asunto, más allá de los rumores. Otros testigos de la defensa insistieron en esa línea: no supieron del acoso, pero sí que la situación en la facultad era explosiva.

El entonces jefe de departamento, Joan Lluís Llinàs, sí relató un episodio en el que el catedrático acusado, Miguel Antonio Beltrán, terminó una reunión con gritos a la víctima. «Yo estaba enfadado por otro asunto de la reunión y no presté atención a lo que le decía».

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En torno al catedrático también compareció este viernes en el juicio su misterioso ayudante, acusado por la víctima de ser el autor material de una fase del acoso. Según declaró la denunciante, esta persona la esperaba a la salida, la insultaba por los pasillos y el jefe de departamento tuvo que impedirle la entrada a la facultad, algo que Llinàs confirmó. El testigo aclaró que su relación con el catedrático era personal pero negó esas maniobras.

La Fiscalía y la acusación particular, que ejerce el abogado Gabriel Lladó, mantuvieron en conclusiones definitivas la petición de dos años de cárcel para cada uno de los acusados.

Entienden demostrada la autoría de las llamadas y los correos que recibió la víctima y varios miembros del departamento en los que se le amenazaba con acusarla de haber plagiado su tesis. Las defensas insisten en la falta de pruebas de la autoría. Por su parte, los dos acusados reafirmaron que son inocentes en su turno de última palabra: «Me declaro absolutamente inocente, tiene mi respeto como investigadora y como académica», señaló uno de ellos. El catedrático, por parte, negó que quisiera que la asignatura fuera para otro deparamento porque era un «perjuicio» para él mismo.