Los teléfonos móviles y los ordenadores son las herramientas que permiten a los jóvenes un acceso inmediato a la pornografía. | Josep Bagur Gomila

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Los jóvenes de Baleares se inician en el consumo de pornografía a los 12 años de edad. Éste es uno de los datos aportados por el Anuari de la Joventut de les Illes Balears 2018, presentado este jueves en Palma y elaborado por un equipo multidisciplinar con la colaboración del Govern, el Consell de Mallorca y la UIB, y el apoyo de la Fundació Guillem Cifre de Colonya.

Junto con Carmen Orte, Rosario Pozo y la red Jóvenes e Inclusión, el profesor de la UIB Lluís Ballester es uno de los autores del capítulo Nova pornografia i canvis en les relacions interpersonals. Balears front Espanya y este jueves explicó que «la edad mínima de contacto con la pornografía a través de internet es a los 8 años, aunque a esta edad lo normal es que la encuentren, no que la busquen. Es a partir de los 12 años cuando se da un consumo regular de pornografía y, entre los consumidores habituales, el visionado de imágenes de este tipo es de una hora o una hora y media diaria».

Ballester destacó que «esta práctica afecta a las relaciones de los jóvenes, aunque, obviamente, no tenemos referencias anteriores, pues hace sólo unos años no tenían un acceso tan fácil e inmediato como ahora. Por tanto, no sabemos cómo afectará este consumo tan temprano de pornografía en los años posteriores. Sin embargo, sí podemos relacionarlo con el recurso a los servicios de prostitución entre los adolescentes».

El profesor de la UIB señaló que «el consumo de pornografía por parte de chicos tan jóvenes no debe ser objeto de combate, sino planteado como un reto educativo. Es evidente que los controles parentales en el uso del móvil o del ordenador no están funcionando, del mismo modo que los padres no están preparados ante este tipo de realidades. Debemos replantearnos la educación afectivo-sexual y el propio uso de los dispositivos móviles».

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Otra cuestión preocupante subrayada por Ballester «es el de las prácticas sexuales de riesgo a partir de los modelos que los jóvenes observan en la pornografía. Así, el consumo prematuro y habitual de pornografía puede inutilizar el efecto de las campañas oficiales y no oficiales contra las prácticas de riesgo, la prostitución o incluso contra la violencia de género».

Marta Escoda, una de las autoras del Anuari y directora del Institut per la Convivència i l’Èxit Escolar, dependiente de la Conselleria d’Educació, indicó que «debemos trabajar más la educación emocional en los jóvenes, aunque se está reduciendo el acoso y se afianzan los valores democráticos. Sin embargo, el uso de las tecnologías también tiene sus consecuencias en forma de aislamiento. El 8 % de los alumnos de Baleares afirma que no tiene ningún amigo en su centro educativo, cuando hace unos años era sólo un 2 %».