Imagen del crucero 'Mein Schiff 6' en el puerto de Palma. | Gabriel Alomar

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Los cruceros de Barcelona y Baleares, toda la costa de Girona y el proyecto de metro en San Sebastián (Donosti), son algunas de las 48 'Banderas Negras' que este 2018 concede Ecologistas en Acción para denunciar «los casos más destacados de despropósitos medioambientales» de las costas españolas.

En este nuevo informe, Ecologistas continúa con el formato usado desde 2016, asignando dos Banderas Negras a cada provincia española, más Ceuta y Melilla: una bandera por casos de contaminación y otra por casos de mala gestión ambiental. Aunque el informe se limita a los 48 casos «más conflictivos», advierte de que continúa denunciando «estas y otras ilegalidades» cometidas en el litoral español.

Este año Ecologistas ha decidido otorgar una 'Bandera Negra' a los cruceros de Barcelona y Baleares por su contaminación en ambos casos. Según destaca, los barcos utilizan combustibles con alto contenido de azufre, que emiten contaminantes altamente peligrosos para la salud humana (SO2, óxidos de nitrógeno NOx, partículas en suspensión PM10, PM2,5 y ultra-finas, así como otros hidrocarburos peligrosos), y cuando atracan en puerto, continúan quemando fueloil.

La ONG recuerda que el consistorio barcelonés acaba de firmar un acuerdo con el Puerto que potenciará de forma exponencial este tipo de turismo, al que se opone.

En el caso de Baleares, se ha otorgado por la deficiente depuración que se observa en muchos de los lugares costeros de las Islas, y junto a esta, también a la falta de publicación del decreto de protección de la 'Posidonia oceanica'.

Estos problemas «se multiplican por todo el territorio, pero sobre todo en las islas, donde el turismo masivo sobrepasa la capacidad de carga de las depuradoras, además de que muchas de estas instalaciones están obsoletas», ha advertido, por lo que el efecto negativo «no sólo es para el medioambiente, sino para la salud, ya que son aguas de procedencia fecal».

Para la organización, existe un «absoluto descontrol» y falta de información a la población sobre las emisiones de humos y otras externalidades ambientales que provocan los cruceros, significadamente en el puerto de Palma. La ONG destaca que Baleares sumó 174.756 cruceristas entre enero y marzo de 2018, un 134,5% más en comparación con el mismo periodo de 2017.