Los nuevos sacerdotes se tumban en el suelo como signo de servicio y entrega. | Jaume Morey

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La Isla cuenta, desde el domingo, con dos nuevos sacerdotes. El obispo Sebastià Taltavull presidió la celebración de la eucaristía en la Catedral, durante la cual fueron ordenados Baltasar Morell Fuster y Danilo de Urzeda Pereira.

A la ceremonia, que se inició cerca de las cinco de la tarde, acudieron casi 2.000 personas. La mayoría eran familiares de los nuevos sacerdotes, amigos e incluso asiduos a las parroquias en las que sirven, aunque también había fieles.

Baltasar Morell Fuster tiene 34 años y es natural de Palma. Actualmente sirve a la Unidad Pastoral de las parroquias de Inca, Lloseta, Biniamar, Mancor de la Vall, Selva y Caimari. Por su parte, Danilo de Urzeda Pereira nació hace 25 años en Brasil. Actualmente sirve en las parroquias de Pollença y Port de Pollença, y ejerce como formador del Seminari Menor.

La ceremonia de ordenación estuvo plagada de símbolos. En primer lugar se llamó por su nombre a los dos religiosos que debían ser instituidos, en un gesto que recuerda el llamamiento de Cristo a sus discípulos. Posteriormente se les pidió si querían ser parte de la Iglesia.

Durante la homilía, el obispo Taltavull quiso destacar que «es tan sublime nuestra vocación y tan débil nuestra condición humana, que sólo desde una opción humilde de vida es posible entenderlo y vivirlo». Finalizada la homilía, Baltasar y Danilo realizaron su promesa de celibato ante el obispo y reafirmaron su voluntad de vivir según el Evangelio y encaminar su vida al servicio y la oración. Otro gesto simbólico se produjo en las letanías: los elegidos se tumbaron en el suelo, signo de servicio y de entrega, mientras se fueron invocando los santos de la Iglesia con el público visiblemente emocionado.

Imposición de manos

El momento de la ordenación tuvo lugar con la imposición de las mano sobre las cabezas de los elegidos, en silencio y arrodillados ante el obispo. La ceremonia continuó con la imposición de las vestiduras litúrgicas propias. Los nuevos presbíteros recibieron también la patena y el cáliz. Además, después de la imposición de las vestiduras, las manos de los ordenados fueron ungidas por el obispo.

Después de esta unción, Taltavull dio el abrazo de paz a los nuevos ordenados, signo de paz y de comunión con la Iglesia. La ceremonia finalizó con un sonoro aplauso por parte de todos los asistentes.