El Ajuntament cuenta con un servicio de acogida y apoyo para las mujeres que sufren la violencia de género. | Ana Largo

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Laura y Susana (nombres ficticios) han salido del infierno gracias al Servei d’Acolliment Municipal a Víctimas de Violència de Gènere. Las dos tienen claro que «de haber sabido antes lo que nos podían ofrecer, hubiéramos tomado antes la decisión». Las dos llegaron a la casa de acogida de forma urgente, tras presentar denuncia en la policía.

Susana estuvo dos años con su agresor y a los tres meses comenzó la violencia. Explica que «fue mi policía tutor el que denunció por mí y llamó al centro de acogida, donde estuve un año y tres meses». Reconoce que ya le había denunciado antes pero volvió con él, «si la primera vez hubiera ido al centro no habría vuelto». Admite que en el centro «me han ayudado mucho psicológicamente y también económicamente, pues llegué con lo puesto, me dieron apoyo, comida, dinero... y solo quiero decir a otras mujeres que estén pasando por lo mismo que hay una salida, que no se lo piensen, que estas personas ni te quieren ni cambiarán nunca».

Se emociona al afirmar que «durante esa relación lo perdí todo, mis hijos, mi casa y mi trabajo» y aún hoy no se siente segura, «todavía tengo mucho miedo y más cuando se acabe la orden de alejamiento». Ahora sigue con ayuda psicológica, pero ya vive de forma independiente y se encuentra «mucho más fuerte, aunque aún me vienen flashes y es algo que no creo que pueda superar nunca».

Laura coincidió con Susana en el SAM y está de acuerdo en su mensaje hacia otras mujeres que estén siendo víctimas de malos tratos, «les diría que salgan de la situación en la que estén y que ir a una casa de acogida es de gran ayuda». Ella vivió 15 años con su agresor y recuerda que «al principio no ves lo que te está pasado, hasta que das el paso». También ella conoció el servicio a través de la policía y entró en la casa de acogida con sus dos hijos «y sin nada más». «Estuve tres meses en el centro y un año en un piso tutelado. Recibimos apoyo psicológico desde el primer día, con el que seguimos». A los niños «les dije que nos íbamos a un hotel». Ahora trabaja y se siente segura, aunque «cuando él viene a dejar a los niños no sale del coche y yo procuro estar siempre dentro del portal».

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«Laura está orgullosa de su proceso y por eso asegura que «Nos sentimos un ejemplo para las otras mujeres que no se atrevan a dar el paso» .