Mariano Rajoy. | SERGIO PEREZ

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Los independentistas catalanes han conseguido una amarga victoria: no alcanzarán, una vez más, su sueño de la tierra prometida, pero han logrado lo que parecía imposible: cargarse al faraón Mariano y hacer un daño tremendo al PP. Este pulso viene de lejos, desde hace más de una década, cuando un Rajoy por entonces en la oposición montó en furia contra la reforma del Estatuto catalán y logró mutilarla, incluyendo que no se reconociese a Catalunya como nación. Su recurso ante el Tribunal Constitucional tuvo éxito, pero dejó al PP huérfano de la comprensión y el afecto de los partidos periféricos. Y ahora lo ha pagado, Y muy caro.

Formalmente Mariano se va por la sentencia sobre Gürtel. Pero no es así. Si Rajoy no hubiera 'arrasado' Catalunya hace unos meses, con centenares de imputados, con huidos al extranjero y con encarcelados, el PNV jamás se hubiera atrevido a sumarse a la moción de censura. A los nacionalistas vascos esto de las cajas B les suena a bacalao con tomate en una tasca de Baracaldo. Lo que les hiere es que el chulo de Pontevedra humillase a Catalunya, a un pueblo milenario, con una lengua propia milenaria y una cultura escrita cuya grandeza se remonta a lo largo de los siglos. Esa es la clave del final de Mariano. Los vascos han entendido que tarde o temprano Rajoy acabaría haciéndoles a ellos lo que hizo a los catalanes.

Cuando Mariano se vio atrapado por Gürtel y por las investigaciones sobre los papeles de Bárcenas cometió el peor de los errores. Dirigió y puso el ventilador en Catalunya, en el 'tres per cent' y en la familia Pujol. La reacción salta a la vista: los soberanistas catalanes se unieron, se organizaron y se levantaron. De las marrullerías interesadas en torno al 'tres per cent', oreadas por el poderío mediático madrileño, se pasó al encendido vigor de l'u d'octubre. con centenares de miles de catalanes movilizados. Ahí está la clave del final de Rajoy. Despreció a los líderes catalanes sin comprender que detrás tienen a un pueblo con capacidad de organizarse. Salvando las distancias y los contextos, es el mismo error que cometieron los presidentes Johnson y Nixon en Viet-Nam.

El PSOE se sumó al 155, pero consciente de que era una trampa formidable para Mariano, que ha pasado a convertirse en un 'represor' ante los ojos de la Unión Europea, que no ha movido un dedo por él y le a dejado caer como a un pajarito perdigoneado. Los socialistas se han limitado a esperar el momento oportuno y en pocos días han liquidado a Rajoy con el apoyo de podemitas y nacionalistas periféricos. Ha sido una jugada maestra mientras hacen correr los vientos ideológicos en otro sentido en el conjunto de España. De pronto, Naranjito y sus Ciudadanos, que han sido el último reducto protector de Mariano, ya no parecen regeneradores, sino que rezuman aroma neofalangista. Han quedado trastocados y trasnochados en una sola jugada política con los soberanistas catalanes moviendo los hilos.

El final de Mariano tiene por detrás la bendición de poderes fácticos muy importantes. Hace dos años, con la mismo correlación de fuerzas que en la actualidad, era imposible formar un Gobierno presidido por Sánchez. No lo querían ni la potente ala derecha socialista de los Felipes, Guerras, Susanas y demás familia. Tampoco lo querían las empresas del IBEX. Y mucho menos la cúpula de la Unión Europea. Pero los catalanes lo han cambiado todo. Han obligado a Rajoy a reprimir y reprimir y le han hecho mostrar el plumero. Bruselas, el Madrid financiero, la Euskadi peneuvista y la Andalucía receptora de fondos europeos se han sonrojado de vergüenza. De pronto, todos han mirado a Sánchez como salvador, con los catalanes moviendo los hilos de la venganza. Han acabado con Rajoy y abierto un nuevo camino para España.

Ahora mismo Mariano es un desesperado Drákula que ha perdido los dientes caninos, la capa , el cochero el sentido común. Y todo porque en su momento no supo, o no quiso, bailar sardanas.