El coronel Massot con su mujer, Paula Ramis de Ayreflor. | T. Ayuga

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Cumplir cien años no es tarea fácil, y hacerlo entregado a una causa es aún más complicado. El coronel José María Massot celebró el pasado 14 de abril su centenario, rodeado de familiares, especialmente de sus seis hijos, 14 nietos y cinco bisnietos. Toda su vida ha estado dedicado al Ejército, y según su hoja de servicios ha pasado 49 años, cuatro meses y 14 días sirviendo en el Ejército.

El coronel Massot ingresó en el año 1937 de paisano en la Academia de Alféreces Provisionales de Lluc. Una vez finalizados estos estudios, fue destinado al regimiento de Artillería de Mallorca, donde se especializó en artillería de costa. Y después fue sumando. Massot explica que «una de las cosas que recuerdo con más cariño de mi época como militar era cuando era un mando de artillería. En 1979 ascendí a coronel y me destinaron a esta jefatura. Controlaba municiones, la instrucción de los soldados... Es verdad que había que estar pendiente de muchas cosas, pero tenía mis segundos que me ayudaban».

Pero Massot no sólo estuvo destinado en Mallorca. Durante su longeva vida militar estuvo estudiando en Segovia, y destinando en regimientos de Zaragoza, Salamanca, Cádiz y Huesca. El militar centenario guarda de esta etapa un bonito recuerdo: «en el 1944 ascendí a teniente de artillería y fui destinado a Jaca, Huesca. Allí hice un curso de esquí y escalada, siendo felicitado en la Orden del día por mi destreza. Fui campeón militar de esquí de España, y estoy muy orgulloso de ello». Su familia destaca su jovialidad y su pasión por el deporte: «siempre ha llevado una vida sana, ha hecho mucho deporte y eso se nota», explica Paula Ramis, su esposa. Una de las seis hijas del coronel, María José Massot, añade que «mi padre tenía un barco, y en su tiempo libre le gustaba mucho ir a navegar. Además, hasta los 80 años jugó a tenis».

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Actualmente, el coronel reside en su casa de Palma con su mujer, Paula Ramis. Los recuerdos de la vida militar inundan su residencia, y en los ojos del coronel se refleja el orgullo de toda una vida de servicio.