Esteban Marchena, durante su turno en un hotel de Muro. | Antoni Pol

TW
4

«La sentencia demuestra quién soy». El día después de que el Tribunal Supremo sentenciara que era hijo de un millonario de Sevilla, Esteban Marchena, hacía su turno como camarero en un hotel de Muro. El alto tribunal confirmó la sentencia de la Audiencia Provincial de Sevilla que confirmaba que su padre fue un vecino de Utrera y, los dos hijos legítimos del fallecido ahora tendrán que compartir una herencia que se calcula en dos millones de euros. «Siempre he trabajado y lo voy a seguir haciendo», dice Esteban. «Tengo seis hijos y siete nietos y para sacarlos adelante siempre he trabajado mucho», afirma. El proceso judicial hasta que la sentencia ha sido firme ha durado nueve años: «Emocionalmente me ha costado trabajo, he tenido que pagar abogados. He gastado dinero pero he dejado limpio el nombre de mi madre». Ahora afirma: «Me siento fenomenal, muy bien».

Noticias relacionadas

Esteban lleva en Mallorca desde 1974. Hace unos años, su hermana descubrió un papel entre los papeles de su madre. Un documento de 1964 que recogía que su padre biológico tenía que indemnizar a la mujer. La historia era la de una joven de 17 años que trabajaba en casa de un hombre de 34 que tuvo un hijo con ella que nunca reconoció. «Ella era huérfana», añade su hijo. A partir de ese documento se inició el proceso judicial: su madre le contó lo ocurrido y llegó a vivir para ver la sentencia del juzgado de Primera Instancia: «Estaba contenta porque fuera bien».

Marchena fue de la mano del abogado especializado en estos casos Fernando Osuna. Se recabaron los testimonios de varios vecinos del pueblo que sabían lo que había ocurrido. Con estos indicios, el juzgado ordenó que se realizaran pruebas biológicas. Allí chocó con las maniobras de sus hermanos para evitar la presencia de un tercero: el cuerpo del padre biológico fue incinerado para evitar la prueba de ADN: «Mi padre estaba en el nicho de mis abuelos, como vieron que eran hermanos verdaderos míos mandaron al sepulturaro a sacar los restos para quemarlos y le dieron lejía para que lo limpiara todo». Más tarde, tampoco acudieron ellos mismos al forense para someterse a las pruebas. Esa negativa a colaborar es la que los tribunales han interpretado como prueba clave en el juicio junto a los indicios de que se había producido esa relación sentimenta. Ahora, Esteban tendrá que pedir la ejecución del fallo para acceder a la herencia.