El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. | Sergio Barrenechea - EFE

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El conflicto de Catalunya es el eterno pulso político entre la arrogancia del que se cree fuerte y maquiavelismo de quien utiliza con habilidad y sin escrúpulos la astucia para lograr sus objetivos a base de victimismo y martirologio.

Al final, todo queda expuesto en el enorme escaparate de la opinión pública internacional con sus ojos puestos en España, cuya famosa marca ha quedado muy maltrecha.

1) EL JUEGO DE LOS TRILEROS

Artur Mas vio el cielo abierto cuando un patán huero llamado Zapatero dijo a los catalanes que «serán lo que quieran ser». Mas recogió la bufonada y le arrancó una reforma del Estatut que reconocía a Catalunya como nación y abría el camino al control de sus recursos económicos. El ala sudista y aprovechada del PSOE (Guerra, Bono....) entró en furia. Pero la reforma fue aprobada por las Cortes y refrendada en referéndum por los catalanes.

Había sido tal la goleada que Mas le había pegado al zapatones que sólo fue a votar el 30% porque el resultado estaba cantadísimo. Fue como un partido de Champions en que el Barça ha ganado 0-5 la ida fuera campo y luego el estadio no se llena en la vuelta porque la clasificación está cantada. Más alimentó el ego de Zapatero y lo desplumó tras maratonianas reuniones condimentadas con mucho foco mediático ('cansa a los enemigos: no les dejes respirar', dice Tsung Tsé en 'El arte de la guerra'). Mas fue pérfido para lograr que Moncloa reconociese a la nación catalana.Pisó callos.Se pasó de listo ante un tonto y se cargó el invento.

2) RAJOY DESENTIERRA EL ANTICATALANISMO IDEOLÓGICO

El gallego atravesaba horas depresivas. Heredero de un Aznar al que no tardó en traicionar, se carcomía en la oposición con su PP lamiéndose aún las heridas del desastre del 11-M y su histórico «ha sido ETA». que dejó a este partido fuera de juego en Catalunya. Con la reforma del Estatut vio la luz sobrenatural de la salvación . Se puso a descargar bilis anticatalanista, como en tiempos pretéritos del primer franquismo, consciente de que eso le reportaría riadas de votos en otras latitudes peninsulares.

Recolectó medio millón de firmas conservadoras y presentó recurso ante el Constitucional, donde el ambiente anti Estatut reformado era clamoroso. En el año 2010, coincidiendo con la llegada virulenta de la crisis económica y que Zapatero y su gobierno pisaban pieles de plátano a cada paso, el Constitucional se cargó la reforma, con con dureza nunca vista. Respuesta: primera gran manifestación en Barcelona en julio del 2010. Fue hasta Jordi Pujol.

3) RAJOY GANA, CRECE EL INDEPENDENTISMO

Mariano logró mayoría absoluta aquel 2011, entre indignados en la calle, Zaparero acabado, la jubilación a los 67 años, Rubalcaba desbordado y el soberanismo catalán herido y pergeñando venganza. Dos partidos mal avenidos desde el comienzo de la Transición, Convergència y Esquerra, comienzan a hacer manitas. Mientras, el independentismo, alimentado desde las cúpulas, crece de forma exponencial. Se quiebra el equilibrio que comenzó en 1977 con los acuerdos entre Suárez y Tarradellas y que potenciaron González y Pujol. En Madrid comienza a insinuarse que algunos de los hijos del ya expresident Pujol llevan un tren de vida fabuloso. Pujol, gran artífice de la reconstrucción de Catalunya tras el franquismo y a la vez leal aliado del PSOE felipista y del PP de Aznar, se indigna. El dique de la 'educada conllevancia' a cambio de transferencias y dinero, se quiebra. Llegan las macromanifestaciones del 11-S y del apoyo total de la Generalitat a organizaciones como la ANC y Omnium.

4) ¿ES UN CAZURRO EL JEFE DE BÁRCENAS?

El verano del 2013 parecía de vértigo. Segmentos mediáticos aznaristas de Madrid publicaron los famosos SMS del 'Luis sé fuerte' con más de 40 millones en Suiza y la Ley de Contratos del Estado oliendo a cuerno quemado. La dimisión de Mariano era cuestión de horas. El sentido común político tiene un principio planetario inexcusable: 'No se puede ser presidente con el tesorero en la cárcel'. Pero el leal PP, con su mayoría absoluta a cuestas, se puso de rodillas ante el plasma. Rajoy se agarró al poder y metió a España en los páramos del absurdo. El régimen de 1978, incapaz de apartar del poder al jefe de un encarcelado, comenzaba a tener vías de agua. Para contrarrestar, el poderío mediático madrileño se lanzó de cabeza al festival del 'tres per cent'. Se investigó y desplumó mediáticamente no sólo a los Pujol, sino también a familiares de Artur Mas. El poco 'fair play' que quedaba se desmoronó. La cúpula del independentismo catalán se transformó en maquiavélico hasta la válvula mitral.

Abandonaron el principio del bien y del mal, abrazaron la amoralidad del combate con la única meta de la victoria o el fracaso (caixa o faixa). Vieron a Rajoy como a un cazurro capaz de hundir el prestigio del régimen político que preside a cambio de mantenerse en el poder. Le despreciaron, igual que a su partido, que consentía un líder con el tesorero en la cárcel en un escándalo propiciado por contradicciones internas. Y se prepararon para hacer embestir a Rajoy hasta agotarlo. Se olvidaron del principal signo de la personalidad política catalana: el pactismo. Meses después, nacían las CUP, nueva fuerza de choque. Mientras, Covergència era volada a escándalos aireados a todo volumen por los tertulianos madrileños.

5) LA CARGA DE JUNTS PEL SÍ

El independentismo confeso y descarnado sumando Junts pel Sí (antigua Convergència y ERC) y las CUP, consiguió la mayoría absoluta en el Parlament y puso en marcha el 'procés' hacia la independencia. Quitaron a Mas por imposición de las CUP a causa de los feroces ataques de Madrid de 'corrupción' y pusieron en la Generalitat al más 'zumbao' de los convergentes: un Puigdemont cuya máxima ilusión es tener un monumento dedicado a su persona en el centro de Barcelona, igual que Rafel de Casanova y Francesc Macià. Puigdemont ha provocado una, otra y otra vez al cazurro de Moncloa y le ha hecho entrar al trapo con un único objetivo: convertir el caso catalán en escándalo internacional (no tiene otra arma). Rajoy se hartó de decir que no habría referéndum. Lo hubo. Ilegal, pero lo hubo. Y tremendamente maquiavélico. El domingo pasado los Mossos dejaron tirada a la Policía Nacional y a la Guardia Civil ante colegios atestados de independentistas ante las cámaras urbi et orbe. El despliegue mediático en todo el planeta fue enorme. Y el martes el independentismo sacó a centenares de miles de personas a la calle.

Ahora todo lo que afecta a Catalunya es notición internacional: la estampida de las sedes sociales de las grandes empresas, la imputación del jefe de los Mossos y la que parece inminente aplicación de la Ley de Seguridad Nacional. Este cristo puede acabar con los tanques Leopardo en la Diagonal y la Brigada Paracaidista en la Rambla de las flores, con Catalunya hecha un estropajo y la marca España no andándole a la zaga. Vale la pena recordarlo: Todo empezó con una reforma de Estatut abortada por el PP y el Constitucional y avalada por un PSOE que ahora se lava las manos como un sonánbulo. Sólo resta saber cómo acaba esta pugna entre cazurros y maquiavélicos amorales y descreídos que han abandonado su antigua fe en el pacto. ¿Llegará el sentido común en el último segundo antes de que se consume el desastre tota?