Perera, el día del registro, asomado al balcón del palacete de la calle Sant Feliu. | Joan Torres

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Rafael Perera estaba casi sentado a la mesa con su familia para la cena de Nochebuena. Era el 24 de diciembre de 2010. Le sonó el teléfono. Era el juez José Castro, que le anunciaba que iban a registrar el ‘palacete’ de Jaume Matas en la calle Sant Feliu de Palma. «Fue entonces cuando tuve el rifirrafe con él». El entonces abogado del expresident recuerda, ahora que la investigación por blanqueo se ha cerrado, que le dijo al instructor: «Pepe, por favor, no empreñes, que es Nochebuena».

El magistrado fue taxativo: o alguien iba con las llaves de inmediato o echaban la puerta abajo. Fue el momento culmen del ‘palacete’ y de la investigación del patrimonio de Matas. Castro, el fiscal Pedro Horrach y la Policía Judicial de la Guardia Civil, encabezada por el entonces capitán Bartolomé del Amor. Un ‘chivatazo’ sobre la presencia de una caja fuerte oculta en un armario desencadenó la acción urgente. Fue en vano. No había caja ni documentos.

El de Nochebuena fue el registro más sonado en torno a Matas, pero no el único. Los investigadores habían estado en el piso de Sant Feliu en noviembre y también en el de Ramón de la Cruz de Madrid, donde vivía la familia. Fueron visitas tensas que culminaban la investigación que se había iniciado hacía año y medio y que el fiscal genera estuvo a punto de cerrar tras ordenar el archivo de las diligencias previas que había abierto Pedro Horrach.

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