Biel Barceló habla con Francina Armengol en el Parlament. | Pere Bota

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Tras el terremoto Jaume Garau, Més per Mallorca no piensa dar ni un paso atrás. «No consentirá» que se haga realidad la intentona del PSIB de trocear la Conselleria de Cultura, Transparència i Esports. A nivel privado ya han llegado advertir al PSIB, con la mirada en dirección al Consolat, que «como los socialistas sigan adelante con las tijeras de podar están en peligro los acuerdos del Pacte y tal vez se tendrían que replantear». O sea, que los mallorquines de Més no descartan tensionar al Govern después del portazo de Més per Menorca.

La intención socialista de llevarse Transparència a la Conselleria d'Hisenda, que comanda Cati Cladera, saca de sus casillas a muchos dirigentes y cuadros de Més. Hisenda y Transparència son el padre y la madre del cordero sacrificado (Jaume Garau). Hisenda porque, según el enjambre de sospechas que envuelve la actual coyuntura política balear, sería el Punto G al cuadrado del «chivatazo» de los contratos del exjefe de campaña hoy suspendido de militancia. Allí esta enclavada Intervención, que controla todos los contratos de los diferentes departamentos del Govern. «Otra cosa es quién ha movido los hilos. Pero el veneno para el picotazo ha salido con toda probabilidad de ahí dentro».

Si Més pierde la competencia de la madre Transparència, simbolizaría una autocrítica y un reconocimiento de que su tarea ha sido 'oscura' en estos dos últimos años. Si la mantienen, representará afán de enmienda y de que se han acabado las actuaciones «antiestéticas».

Por tanto, no darán un paso atrás. Més per Mallorca ya perfila al conseller que asuma las tres competencias. También a su grupo de directores generales y gente de confianza. Han de retomar el pulso de Transparència que, por caprichos aún inexplicados, tiene su sede nada menos que en el Palma Arena, alma mater de uno de los mayores escándalos de la historia de la autonomía.

Es muy posible que el Consolat acabe cediendo y acepte las exigencias de Més. La traca Garau ha sido de tal calibre que el mayor interés ahora es que las aguas vuelvan más o menos a su curso. Pero las dudas son intensas. Con Fiscalía de por medio es imposible que desaparezca la preocupación. Y la incógnita prosigue: ¿Tiene Biel Barceló la silla de vicepresidente asegurada? Ahora mismo, sí. Pero faltan acontecimientos importantes.

Mientras, aumenta la rumurología econacionalista sobre la autoría de la «puñalada por la espalda» que recibió Més con el «chivatazo» Garau. De entre la media docena de teorías que se manejan, una -la más reciente- apuntaría a elementos del PSIB-PSOE «interesados en debilitar el pacto de izquierdas con nacionalistas y podemitas».

Esta teoría señala que personas del entorno susanista de Mallorca tienen «consignas» de debilitar a la «catalanista Armengol y a su Govern». Serían los «ejecutores» de una estrategia que «tiende» a la «recentralización» del PSOE caso de que Susana Díaz se haga con la secretaría general el mes que viene. Eso es una interpretación en clave de lucha de poder interna socialista que analizan miembros de Més. Piensan que ellos han sido «víctimas» de la guerra cainita del PSOE. Creen que están pagando platos rotos ajenos. Los que eso afirman miran hacia Calvià como epicentro de esta «maquinación maquiavélica». La sombra de Susana es muy alargada.