Francesc Antich. | Pere Bota

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El expresident Francesc Antich se muestra moderado en sus declaraciones. Intenta aportar serenidad a sus compañeros del PSIB, todavía traumatizados por el golpe de mano de Susana Díaz, Vara y Page contra Pedro Sánchez. Pero en este partido es un secreto a voces que Antich les canta las cuarenta a los miembros de la gestora partidarios de mantener apuntalado a Rajoy en la presidencia, de dilatar en el tiempo todo lo que puedan el congreso del partido y de mover hilos para que Susana sea la nueva secretaria general.

Se sabe que Antich se ha convertido en un hueso muy duro de roer para el presidente de la gestora, Javier Fernández, y sus costaleros andaluces digitados por Díaz. Les advierte que por este camino el PSOE lleva camino de convertirse en un partido minoritario; les dice que pactar con la derecha ha sido letal para otros partidos europeos; les espeta que o el partido socialista recupera la democracia interna o va de cabeza al abismo; les avisa que en el seno de los socialistas se está abriendo una herida que será muy difícil de sanar entre las autonomías del norte y del sur.

Pero nada. Los palmeros de Susana, que ahora son amplia mayoría en el puente de mando de Ferraz, ni le escuchan ni tienen en cuenta sus advertencias. En el PSIB se comenta que Antich más de una vez ha tenido la intención de pegar un portazo y salirse de la cerrazón de la gestora, que no atiende a razones. ¿Cómo es posible que quieran de secretaria general a Díaz, autora del golpe de mano contra Sánchez? Con esta costurera apalancada en el poder de la Torre del Oro no habrá nada que coser dentro de poco.

El problema es muy serio porque todos los miembros del aparato socialista que se avinieron a apuñalar a Pedro Sánchez por la espalda saben que o les sale bien la jugada e imponen a Susana o, en último extremo, nombran a un bendito manejable por los socialistas andaluces y extremeños, o les va la supervivencia política en el envite. Por eso la gestora mareará la perdiz todo el tiempo que pueda (incluida la manipulación de un comité federal cada vez más extraviado). Saben que si las bases recuperan el poder, les va el pellejo político. Por eso dilatarán el congreso hasta las puertas del verano. Sueñan con el control de una organización que se les va de las manos.

La oposición interna a la gestora es muy dura, en Balears, en Catalunya, en Valencia, en Galícia, en el País Vasco, incluso en Madrid... A diferencia de los mandones andaluces, que llevan gobernando desde hace más de treinta años, Antich llegó dos veces a president en una tierra tan conservadora como es el Archipiélago, a fuerza de pactos, de voluntad de entendimiento y de saber configurar un espacio propio para el PSIB. Está acostumbrado a situaciones difíciles, pero esta vez se ha topado con un burladero de la Real Maestranza. Andaluces, extremeños y manchegos se volvieron histéricos al ver como Pedro Sánchez intentaba algo muy parecido a un pacto a la balear. No pueden ver a los soberanistas catalanes y piensan que Podemos les quiere quitar su propia finca. Padecen caciquismo intelectual.

Antich les advierte que si demoran la elección de un nuevo secretario general elegido por las bases (sea quien sea) corren el riesgo de que Rajoy convoque elecciones para junio y les pille con los calzones bajados. No le escuchan. Creen que dando apoyos puntuales a Rajoy en la Cámara sin pedir prácticamente nada a cambio, salvo alguna medida de cara a la galería, el gallego no se atreverá a convocar. Le subestiman. Igual como le subestimó Zapatero cuando el presidente del PP presionaba a Merkel para que dejase en ridículo al Gobierno ZP y le forzase a tomar medidas antisociales mientras se disparaba la prima de riesgo. En mayo de 2010 Merkel puso de rodillas a ZP y abrió el camino de Rajoy hacia Moncloa. Así les fue. Rajoy descargará el hachazo en el momento más oportuno, como siempre ha hecho, incluso contra Aznar.

Los miembros de la gestora tampoco atienden a las advertencias de Antich de que no se puede apoyar a un presidente de derechas que ha tenido al tesorero en la cárcel con 48 millones en Suiza. Parece no importarles. A la gestora sólo le falta unas gafas negras y un bastón para cada uno de ellos para parecer vendedores de la ONCE.

La suerte de Antich es que tiene todo el apoyo de sus compañeros baleares, que no predica solo en el desierto, que le pase lo que le pase a un PSOE confundido y desorientado, el PSIB resistirá.