José Ramón Bauzá. | Pere Bota

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En el PP Balear están desesperados con Bauzá. No porque represente un peligro de cara al congreso regional del próximo abril, donde la victoria regionalista está cantada. Tampoco lo están porque tenga capacidad para variar la actual línea de este partido. «Lo malo es que arma lío y esparce la sensación falsa de que dentro del PP hay división interna. Remueve sin sentido, como un titiritero. Su presencia impide que podamos remontar como es debido en la recuperación de voto» afirman dentro del partido.

El viernes pasado Bauzá se marcó un zapateado ante treinta periodistas en el Bar Marítimo de Palma. Exactamente el día después de que Podemos hubiese armado la marimorena en el Parlament con la 'definitiva' expulsión de Xelo Huertas en pleno debate de los Presupuestos, dejando en ridículo a la mismísima Francina Armengol. Pues bien, al día siguiente la protagonista dejó de ser Xelo y pasó a Joserra, convertido por tronío y arte en la vedette del Paeo Marítimo. De ahí el cabreo sumo del PP. «Esto no es serio», se comentaba en la sede de Palau Reial.

Eso sí, Joserra la logrado un éxito. En los ágapes peperos de Nochebuena y Navidad, mientras se trinchaba pavo y se descuartizaba lechona, se han acordado de él. Y mucho.

En el Marítimo José Ramón disparó con escopeta de feria sin acertar ni una. Calificó a su exconseller de Turisme, Jaume Martínez, de «imputado» y le descartó para ser candidato. Sin embargo, se mostró compresivo con José María Rodríguez «porque tiene mucha gente detrás». Lo suyo fue una contradicción elevada al cubo. Dice que ha superado el pasado pero sigue emperrado en el espinoso asunto de hacerle la zancadilla al catalán, que fue una de las claves para que fuese descabalgado del poder en 2015.Y con él, todo el partido.

En el PP están convencidos de que Bauzá se está construyendo un puente en un páramo yermo donde no existe ningún río y ahora está trabajando para hacer un canal interminable para hacerlo pasar por debajo de su delirante puente. Vamos, que creen que se le ha ido la olla. Además, están seguros en el PP de que está tan desprestigiado que sólo puede hallar apoyos entre otros desprestigiados. Y ya se sabe: la suma de desprestigios conduce al descalabro.

Pero mientras, Joserra le está haciendo un gran favor a la izquierda. El ridículo de Podemos queda en un segundo término cada vez que Bauzá se sube a su quimérico puente sobre la nada. Los regionalistas le dan por imposible, por un molesto grano en el cogote al que no se puede tocar y es preciso aguantar hasta que se seque. Le dejan hacer. Saben que va contra las rocas, de delirio en delirio. Pero molesta que arme cacao, que se autopresente como candidato cuando todavía no se ha abierto el período precongresual, mandando invitaciones con su foto como si se tratase de un actor de cine.

Ven un estilo muy poco mallorquín en la manera de hacer de Joserra. Se ha convertido en un funanbulista histriónico. Está tan desprestigiado que ni se da cuenta de que camina sobre el vacío.