imagen de archivo. | Redacción Digital

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El rústico mallorquín está viviendo una gran trasnformación en numerosos términos municipales (no todos). Las antiguas casitas de aperos transformadas milagrosamente en edificios de notables proporciones mientras los alcaldes miraban hacia otra parte ya albergan zonas ajardinadas, solariums y, a menudo, piscinas. Mallorca ha creado el negocio Espíritu Santo. No existe, pero se encuentra por todas partes. Lo malo es que nadie controla ni fosas sépticas, ni contaminación del subsuelo, ni el flujo de vehículos por los antiguos caminos rústicos o de montaña.

Objetivo: alquiler por semanas a los turistas durante la primavera y el verano. El Majorca zu vermieten (se alquila) es de dominio público en las web alemanas a través de Internet. Tan floreciente y sólido es este nuevo subsector turístico que en algunos términos se han detectado presiones a los antiguos arrendatarios para incrementarles el alquiler hasta que decida dejar estas casas, en la que han tenido que hacer, a menudo, no pocas inversiones para mantenerlas. El lugareño de muchos años atrás desaparece para dejar paso al turista. Manda el mercado, sujeto ya a Dios Internet. Y en este caso el mercado es implacable. La rentabilidad que se obtiene en pocos meses es enorme para pequeñas fincas hasta hace diez años inactivas y protegidas por ley para preservar el entorno rústico.

Ya se habla de empresas pantalla extranjeras que alquilan las fincas por medio año a sus dueños. En realidad es una ficción. Es el propietario es que alquila y cobra por semanas a los turistas, pero en caso de tener problemas con Hacienda o con Turisme siempre podrá mostrar documentación de que ha alquilado durante un semestre entero a la empresa pantalla, que se lleva una comisión captando los clientes en centro Europa. Todo está pensado al milímetro.

La Conselleria de Turisme está desbordada. Tiene a punto de salir el borrador de la ley de arrendamientos turísticos. En realidad en los aspectos más conflictivos pasa la patata caliente al Consell y a los ayuntamientos. El suelo rústico y el control de sus construcciones y piscinas es competencia de la institución insular, que se mueve a paso de tortuga porque el problema es tan grande que mire donde mire encuentra irregularidades. Es este asunto de la explotación turística del rústico hay más minas que en Alepo. Es mucho más cómodo para un político con rsponsabilidades en ordenación del territorio mirar al cielo y ponerse a silbar.

Según la futura normativa de Turisme, también deberán ser los ayuntamientos quienes decidan en qué zonas urbanas podrá permitirse el alquiler de pisos turísticos por semanas y en cuáles no. Es un pastel demasiado grande para los ayuntamientos grandes y demasiado espinoso para los pequeños.

Nadie se atreve a meter mano a este marrón glacé ante el temor a armar un cirio social. El Estado de Derecho está, en parte, fuera de este floreciente subsector. La economía sumergida no hace otra cosa que crecer. El montaje es cada vez mayor y ya se están generando profesionales del alquiler turístico submarino, auténtico expertos en conseguir clientes para pasar sus vacaciones en suelo rústico. Solamente el Espíritu Santo sabe en realidad lo que está pasando: El asunto crece, crece y no para de crecer. Majorca zu vermieten.