Los cruceristas que llegan a Palma se dirigen al centro de la ciudad. | Gabriel Alomar

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Los trabajadores del Passeig Mallorca se encuentran superados. El aluvión de turistas que llega a Palma destroza los baños de sus establecimientos. «Siempre que llegan cruceros vienen grupos de veinte o treinta personas que quieren pasar al baño y no consumen», se lamenta la camarera de un bar de tapas. «Me he llegado a encontrar hasta ropa interior dentro del retrete, y siempre lo tenemos averiado», añade.

Todos coinciden en que la llegada masiva de cruceros hace mucho bien a la ciudad de Palma: «Sabemos que es gente que se deja dinero, pero no con nosotros», nos dice la dueña de uno de los bares afectados. La situación es difícil para los propietarios. «Cada vez que se tira de la cadena se gastan ocho o diez litros de agua que pago yo», nos cuenta Giovanni, que lleva un restaurante italiano. El hombre apunta que «para los clientes que están comiendo no es agradable ver una hilera de gente que va al baño».

Los restauradores del Passeig Mallorca están de acuerdo en que no se puede negar el acceso indiscriminadamente: «Siempre que son niños, ancianos o mujeres embarazadas les dejamos pasar, pero llega un momento en el que viene gente, abusa y tenemos que cortarlo», añade un camarero del establecimiento italiano.

Los restauradores coinciden en la necesidad de instalar baños públicos en el centro de Palma, pero no lo reclaman «por falta de tiempo», y porque «nadie se ha lanzado a ello». Desde Cort aseguran que no han recibido quejas de los comerciantes, y añaden que es una situación en el limbo de competencias y que no tienen previsto instalar ningún baño público en el centro de Palma.