José Ramón Bauzá y José María Rodríguez. | M. À. Cañellas

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La jugada política que ha hecho posible que Teresa Palmer haya sido designada por Madrid cabeza de lista del PP ha servido para ver quién maneja el PP y quienes, creyéndose mayoritarios, son tomados por tontos hasta que se les toma el pelo en la cara. Teresa Palmer no tiene fuerza en el partido. Puertas a dentro, casi ni la conocen. José Ramón Bauzá se fijó en ella porque iba a la sede a dar clases de economía junto al también profesor Pep Ignasi Aguiló. Pero ni ha militado en serio, ni ha tejido redes de influencia y apoyo, ni nadie le deba el más mínimo favor político. Bauzá se la inventó para ser delegada. Incluso pensó en ella para ser la candidata a la Alcaldía el año pasado aunque finalmente se inclinó por Marga Durán. Ha sido Bauzá quien se ha movido en Madrid para colocar a Teresa de cabeza de lista con el apoyo de José María Rodríguez.

Rodríguez deja hacer a Bauzá porque ya ha conseguido lo que quería. Ambos lo han conseguido: cargarse a Mateu Isern. Le han acosado políticamente hasta que ha tirado los trastos. No podía más. Ni Mateu ni su familia. Alcanzado este primer objetivo, cualquiera iba bien para cortar el paso a los regionalistas, para demostrarles que no controlan el partido. Teresa era ideal porque al ser delegada la conocen y es fácil de vender en Madrid. De eso se encargó José Ramón porque a Rodríguez no lo pueden ver ni en pintura en la calle Génova.

Bauzá tiene exhibe en estos momentos las duras agallas y la determinación que sólo manan del deseo de venganza. Los regionalistas, protagonizando una espectacular revuelta, le echaron. Pero le dejaron en pie. Consintieron que fuese senador autonómico y que pudiera mover hilos en Madrid. Cometieron un error fatal. Es la primera regla de la política: jamás dejes a nadie herido porque se revolverá contra ti. Eso es lo que está pasando, el regionalismo se está debilitando. Está menos cohesionado que hace un año y ya no tiene un objetivo definido. Su líder, Biel Company, no se ha atrevido de momento a dar el paso y erigirse en su líder oficial de cara al congreso. Además, han perdido a su caballo blanco palmesano. Mateu Isern era un aliado de gran valía e insustituible. Bauzá y Rodríguez se lo han cargado. Ha sido su primera gran victoria de cara al congreso. La segunda victoria fue reventar la Junta Insular de Inca del pasado lunes para evitar que Pere Rotger fuese designado cabeza de lista. Victoria a victoria, irán descoyuntando el conglomerado regionalista antes del congreso, para el que falta al menos medio año.

El próximo movimiento del tándem Bauzá-Rodríguez se ve a la legua: dejar fuera de disco y de órbita al presidente Miquel Vidal. El santanyiner ha levitado como un murciélago durante los dos ataques de la comunión José-Ramón-María. Ni pudo hacer nada por Isern ni para evitar el ridículo en el Museu de la Sabatada. Ahora Vidal quiere hacer ver que manda y prepara reestructuraciones orgánicas dentro del partido. Quiere apartar a tropa oxidada y herrumbrosa como Carlos Delgado y Manu Onieva, pero sobre todo quiere cepillarse a Antoni Deudero, el expedientador compulsivo jorerramoniano, presidente del Comité de Garantías. ¿Se admiten apuestas de que Vidal las pasará canutas para lograrlo? Y eso que Vidal, como presidente, tiene todo el poder para hacerlo. Pero a buen seguro le desgastarán. En este Comité hay mucho rodriguista y a Deudero lo puso Bauzá. Que nadie lo olvide. La mayor empapelada por este comité es Aina Aguiló, bastión antirrodriguista en algunas barriadas de Palma y próxima a Mateu Isern. Ahí está una de las claves.

A este paso, Vidal va a llegar al congreso del partido más quemado que los neumáticos de Seseña y los regionalistas más desorientados que el mono Amelio. Y poco a poco, antiguos partidarios y cargos públicos de Bauzá, hoy próximos a Hablan las Bases, irán sacando primero la cabeza, luego el cuerpo y más tarde el machete. Al tiempo.