El rector y los investigadores, durante la rueda en Washington que siguieron por videoconferencia. | M. À. Cañellas

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La ciencia ha detectado las ondas gravitacionales que predijo Albert Einsteis hace justo 100 años y que eran el reto pendiente de su teoría de la relatividad.

El anuncio de este descubrimiento –el más importante del siglo junto al del bosón de Higgs– realizado este jueves desde Washington fue seguido con enorme emoción desde una pequeña sala de la UIB por una de las investigadoras que ha participado en el hallazgo, la profesora menorquina Alicia Sintes, y sus compañeros del Grup de Relativitat i Gravitació de la Universitat, el único grupo de España que participa en la Colaboración Científica Ligo, autora del descubrimiento, que cuenta con más de mil científicos de universidades de 16 países.

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Sintes –quien junto a su marido, el doctor Sascha Husa, ambos profesores de la UIB, forma parte del consejo de Ligo– relató que el pasado 14 de septiembre «llegó a la tierra una onda desde un lugar muy lejano del espacio que nos traía información del colapso de dos agujeros negros ocurrido hace más de 1.000 millones de años y que supuso una emisión de energía de una potencia nunca vista casi desde el origen de Universo».

Al cabo de una hora, prosiguió, «una vez analizados los datos comenzó un tsunami de mails de gente alarmada que preguntaba si era una señal astrofísica o era una prueba maléfica de alguien de Ligo». Pronto llegó la confirmación de que era una señal astrofísica, «un hito histórico –aseveró– porque se pudo detectar por primera vez el efecto sobre la tierra de estas ondas y supuso el inicio de una nueva era de la astronomía: la astronomía de las ondas gravitacionales».

Con ellas, explicó la profesora, «tenemos una herramienta más para poder observar el Universo, si con las ondas electromagnéticas podemos ver el Universo, con las gravitacionales podemos escucharlo, es como un sentido más que nos aporta información complementaria».