Josep Maria Codony. | Pere Bota

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El todavía director general de IB3, Josep Maria Codony, se puso en plan gallardo y altanero cuando la izquierda le pidió su dimisión este jueves en el Parlament. Ahora mismo tiene motivos sobrados para sentirse como José María Manzanares cortando dos orejas y rabo en la feria de San Isidro, saludando al tendido mientras le arrastran el toro.

La razón es que el PP ya ha visto palmariamente que las tensiones dentro del Pacte, encabezadas por la podemita Laura Camargo, obsesionada en la caza altos cargos socialistas, tienen un origen poco confesable: la pugna por quién controlará IB3 mediante el nuevo director general. Consideran que el número uno podemita, Alberto Jarabo, es todo un experto en materia de comunicación y que esta formación (que tanto le debe a las tertulias televisivas) no cederá ni un milímetro con IB3. Quieren mandar allí, cueste lo que cueste. Y su ala más rígida está dispuesta a provocar un terremoto parlamentario si los socialistas no acaban cediendo.

En el PP disfrutan con esta pelea como si fuese una película del Oeste. Jamás pensaron que habría tantas tensiones poco más de tres meses después de haber asumido la izquierda el poder.

Por su parte el PSIB habría acabado aceptando, en principio, un director o directora general próximo a Podemos si se tratase de alguien joven, con mentalidad abierta y amplia visión de la realidad. Es decir: una virgen vestal no sectaria. Pero fruncieron el ceño cuando los de Podemos les pusieron sobre la mesa nombres de carcamales con más pasado que el pedestal de una leona del Borne.

Según el PP, «el temor de los socialistas es justificado». Lo ven, lo entienden y preparan sus bazas para hacerles la puñeta. La contundencia de Codony dando la cara tanto con el capote como con la muleta lo demuestra. Los populars saben que el PSIB ha atravesado problemas internos importantes tras un proceso primario muy caliente. Son conscientes que Aina Calvo, aunque diga lo contrario, ni duerme ni descansa y se mueve en diferentes direcciones.

El PSIB temen a un nuevo director general de IB3 que les haga programas de submarinismo. Es decir, que les meta tertulianos que, siendo de izquierdas, hagan sutilemente la cama a la presidenta Armengol desde «dentro». O que los informativos creen tensión en el Consolat, por ejemplo. Botón de muestra son las descargas eléctricas que lanza la diputada podemita Camargo en el Parlament, todo un aperitivo de lo que podría pasar.

Consensuar un director general a tres bandas no es fácil, Podemos ha hecho diferentes ofertas, incluida finalmente la de una persona alejada de la comunicación y con fama de buena gestora. Pero el PSIB no se traga este pato confitado ni con mostaza. El temor es que Podemos arme desbarajuste submarinista en IB3 y que éste acabe creando zozobra en el Paseo Sagrera. Sólo pensarlo produce escalofríos.

Ahí está la clave de las actuales riñas. Ahí está la explicación de la altanería toreril de Codony. Y ahí está el PP preparando artillería pesada aprovechando las contradicciones del adversario.