Francina Armengol y Biel Barceló saludándose en el Parlament. | ARCHIVO

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Nada nuevo bajo el sol. MÉS está protgonizando estos días la misma pataleta que Pere Sampol en 1999, con la diferencia de que ahora todos son de izquierdas y por aquel entonces estaba UM de por medio. Este 2015 las habas están sobre la mesa y sólo falta repartirlas. Podemos ya tiene lo que quería y ha acatado la orden de Pablo Iglesias de no entrar en el Govern. El coletas también ha respetado el pacto con Pedro Sánchez para que la estrella del Consolat sea socialista. Dentro de pocos días el Pacte reanuda las negociaciones.

¿Dónde está entonces el conflicto PSIB-MÉS? Francina Armengol ya está colocada y hay consenso en que Biel Barceló sea el vicepresidente económico asumiendo las competencias de Comerç e Indústria. Pero aquí ya ha venido la primera fricción. MÉS también reclama la Conselleria de Turisme «para apuntarse el tanto de la aplicación de la ecotasa», dicen las orejas profundas de la negociación. El PSIB no está de acuerdo. La explicación formal es que «no es bueno que todas las Consellerias económicas estén en unas mismas manos». La causa real es que Armengol tiembla ante la posibilidad de que los econacionalistas armen una pelea-cacao con los hoteleros. Los socialistas saben que ellos tienen más armas de entendimiento con el Sector Turístico que la entente Barceló-Abril y jugarán fuerte para mantener este equilibrio.

MÉS exige otras dos Consellerias más: Mobilitat, «para acabar nosotros el tren de Artà, que impulsamos» y Medi Ambient y Agricultura. Eso es aceptable para el PSIB. Pero ahí también hay carta socialista sobre la mesa. Apuestan por la Conselleria d'Educació, la estrella de la pasada legislatura, el símbolo de la batalla por la lengua propia que ha acabado descerebrando a los de Bauzá y determinando su irremisible caída. Creen que tienen un posible conseller excelente: el catedrático Martí March, socialista histórico y hermano del nuevo alcalde de Pollença. Creen que el PSM no puede ofrecer un conseller mejor para reimpulsar las activas e inteligentes aguas docentes. Habrá debate en este punto, sobre todo si MÉS se muestra demasiado pedigüeño en otros departamentos.

Un desbloqueo podría ser Bienestar Social si Fina Santiago (Iniciativa) decide volver a la primera línea. Si se la hace titular MÉS verá incrementada su tajada y se forzará el reparto de Educació por un lado y Turisme por el otro. Mientras, Treball, Presidència, Hisenda, Salut y Funció Pública serán socialistas.

Los Consells

En el Consell de Mallorca reina la paz. Hay consenso para que el presidente sea Miquel Ensenyat de MÉS. Lo aceptan Xisco Miralles (PSIB) y Jesús Jurado (Podemos). Allí puede haber gobierno tripartito bien repartido, sin estirones. Ni Pablo Iglesias ni Pedro Sánchez se meten con los Consells, «si es que saben lo que son».

Otra cosa es el Consell de Menorca. Allí hay betún. El PSIB no quiere ceder la presidencia a MÉS. Principalmente porque están obligados a ayudar a sus compañeros menorquines, una organización famosa por sus peleas y por sus disensiones con Palma. Allí también se han negociado los ayuntamientos por separado. Y MÉS ha sacado un buen rédito. Los socialistas no tienen su adorada y mimada Maó. Por tanto, «y por cuestiones de equilibrio interno», reclaman la presidencia insular de la balear menor o saben que tendrán lío. También aceptarían una salida «a lo Cort» de dos años y dos años. Pero en MÉS hay mucha satisfacción por el éxito de su coalición en Menorca, con tres diputados y ahora quieren la corona del pastel. Y allí no pasa como en Palma, donde Hila y Noguera, sintiéndose débiles y novatos por separado, se casaron compartiendo vara.

En todo caso, el arroz de los pactos ya está cocido. Sólo falta el picadillo. Es cuestión de días. Se entenderán. Les espera, en el conjunto del Archipiélado, una tarta de boda de unos 280 cargos. Es una resposabilidad infinita, pero también un reclamo hipnotizador e irrenunciable.

Queda para el último tramo de la negociación el siempre espinoso asunto de IB3. Parece que habrá acuerdo de«profesionalización al máximo» y de otorgar por concurso los despachos y sillas que hagan falta.Buscan imagen de neutralidad. Eso, al menos, es la teoría. A la hora de la verdad ya se verá. Porque hoy en día Hamlet diría: «Salir o no salir por el plasma. Esa es la cuestión».