Miquel Vidal junto a José Ramón Bauzá. | M. À. Cañellas

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Nadie sabe ahora mismo el día y la hora en que Bauzá abandonará o será arrojado por la borda del barco popular. Lo seguro es que cuando esto suceda el PP «deberá crear un sólido y eficiente departamento de psiquiatría para recuperar del trauma» a todos aquellos a los que ha embarullado Miquel Vidal, único e irrepetible secretario general.

Viendo venir el huracán, Bauzá se ha agazapado y ha dejado la gestión de la catástrofe en manos de Vidal. «Conociendo al personaje, esto no puede acabar bien» comentaron algunos militantes veteranos del partido. Y así ha sido. Tanto que -afirman con sorna- entre los 15.000 afiliados de la organización están buscando a «algún experto en las películas de la Pantera Rosa y del inspector Clouseau para ver si puede aportar un poco de lógica en el desaguisado que se ha organizado».

Vidal es un artista a la hora de desorientar a su interlocutor con medias verdades. «Una leona del Borne habla más claro que él». Al ala regionalista del partido y a sus nerviosos alcaldes, sobre todo los que ven que el PI puede pactar con la izquierda, les insinúa que «todo se va arreglando» y que «Bauzá dimitirá pronto como presidente del partido para aclarar el panorama y facilitar los acuerdos municipales». Con la Prensa Vidal se hace profundo y comprensivo transmisor del ultimátum de las primeras varas contra el inquilino del Consolat. Expande la idea de que a Bauzá le quedan sólo horas en la poltrona. Mientras, a la cúpula del partido en Madrid les cuenta la milonga de que está trabajando «para calmar las protestas internas y que todo se arreglará con orden y sin sobresaltos». Y a Bauzá le asegura que ya está trabajando en el imposible congreso extraordinario de septiembre que Madrid no quiere que se celebre. Es el hombre de las cinco caras.

Carretera de Jesús

Tal es el cacao que está armando Vidal expresándose conforme a lo que quiere escuchar el que tiene delante, que algunos veteranos del PP aseguran que «vamos camino del manicomio. Acabaremos todos con camisa de fuerza en la carretera de Jesús».

Mientras, se acerca el 13 de junio. Los ayuntamientos tienen que estar constituídos para esta fecha. La Part Forana popular no resiste más demoras porque sus alcaldes han de conformar los pactos. El PI acepta hablar con ellos si echan a Bauzá. «Si no, se van con el rojerío». El estado de nervios es sofocante.

Pero al contrario de lo que pasa en la vida, en política «Dios es cruel con los que sufren. Y el Supremo Hacedor y Bauzá han querido que Miquel Vidal esté al frente de las negociaciones de las alcaldías con los otros partidos. Naturalmente, la situación es espéntica y delirante», dicen en el partido.

Los regionalistas del PP, al ver el caos que ha montado Vidal, ya comienzan a pensar que están padeciendo la última venganza de Bauzá: «Nos manda a Vidal para destruirnos: Yo me hundo y pierdo el poder, pero todos vosotros también, detrás de mí».

Solamente la aparición del pepero experto en el inspector Clouseau (Vidal) y de la Pantera Rosa (Bauzá), «puede salvar algunos muebles y aportar un hilo de luz al naufragio». De momento, el PP está al borde de la enajenación mental, «transitoria, por supuesto». «¿Pero quedará vida tras esta dura prueba?».