Cort afirma que las labores eficaces de Emaya se pueden llevar a cabo sin aumento de la plantilla actual. | Redacción Digital

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EMAYA ha conseguido reducir en 8,04 millones de euros su gasto total entre junio de 2011 y julio de 2012 con respecto a periodos anteriores, según el concejal delegado y presidente de la compañía, Andreu Garau, quien lo cifra «en medidas de austeridad, reorganización y optimización de los recursos tanto mecánicos como humanos», para avanzar «hacia la viabilidad de una empresa que hace año y medio acumulaba una deuda reconocida de 30 millones de euros».

Según Garau, de esa cifra total de ahorro, 5,3 millones de euros (dos terceras partes) corresponden a un menor abono conseguido en el capítulo de gastos de personal «sin que ello haya supuesto vulnerar el compromiso adquirido por el equipo de gobierno consistente en mantener los puestos de trabajo y no aplicar reducciones salariales a excepción de aquellas que vengan impuestas por el Gobierno central».

Medidas de contención

Los 2,74 millones de gasto no comprometidos ya en el referido periodo de tiempo han sido posibles en las cuentas de la empresa pública, conforme a las cifras del regidor Garau, «a partir de las medidas de contención aplicadas principalmente en los capítulos de compras de material, subcontratación de trabajos y gastos diversos de explotación».

El «nuevo modelo de gestión empresarial» diseñado desde EMAYA con el visto bueno del equipo de gobierno municipal, ha posibilitado, en opinión del concejal Garau, «reducir en 80 empleados la plantilla de EMAYA con respecto a la existente en 2010 sin recurrir a medidas traumáticas», y así explica que «el tránsito de las 1.456 personas que conformaban la media de plantilla en 2010 a las 1.376 que integran la plantilla actual de EMAYA obedecen a la no necesidad de contratación de efectivos de refuerzo en los meses de temporada alta tras haber acordado la dirección de la empresa y los sindicatos distribuir las vacaciones del personal a lo largo del año y no concentrarlas en verano y a la reorganización de los servicios».

Esto último ha supuesto, señala Garau, «mayor aprovechamiento de los recursos humanos y, en consecuencia minimizar la necesidad de cubrir las vacantes por jubilación».