El obispo Murgui, el pasado viernes antes de anunciar su próxima marcha a Alicante.

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«Un hombre que me falló en el momento más necesario de mi vida. Su ausencia me hizo mucho daño», lamentó ayer Jaume Santandreu, uno de los que abandonó la Diócesis durante el pontificado de Murgui.

Las falta de sensibilidad del obispo para afrontar situaciones incómodas la plasma también el que fuera deán de la Seu, Joan Darder, quien dice del encargado de la Diócesis mallorquina: «Le gusta mucho hablar pero le cuesta escuchar; no ha habido diálogo».

Darder señala como «determinante» en el mandato de Murgui al vicario general, Lluc Riera: «Amigos desde que estuvieron Roma, sin él no se puede entender nada en el gobierno de Murgui».

La «incapacidad» para dar a la iglesia de Mallorca «voz» ante la grave crisis económica y de pronunciarse ante los casos de abusos sexuales y sacerdotes pederastas ha sido otro de los aspectos peor valorados de Murgui.

En el lado positivo, Darder, Bauzà o Nadal Bernat destacan su compromiso con el seminario y las ayudas para unos 20 sacerdotes que estudian en universidades de «prestigio» ubicadas en Roma, Madrid, Barcelona y Valencia.