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Han pasado unos nueve meses desde que cesó la actividad hospitalaria de Son Dureta y en la zona no queda 'ni un gato', nunca mejor dicho, porque tras el traslado a Son Espases, los servicios municipales actuaron para erradicar una colonia de felinos -algo más de una veintena de ejemplares- que se habían instalado al amparo de un hábitat propicio por la ausencia de actividad humana. Se acabaron los gatos, pero han aparecido las ratas por la ausencia de depredadores y las buenas oportunidades para la supervivencia que ofrece el lugar.

El cierre de Hospital Universitari de Son Dureta -que será total en breve tiempo- ha traído la tranquilidad a su entorno. La otrora ruidosa y bulliciosa calle Andrea Doria se ha convertido casi en un remanso de paz. La odisea que suponía estacionar un vehículo en el entorno del complejo hospitalario se ha acabado; ahora sobran plazas. El aparcamiento de pago que había frente el hospital y que siempre estaba lleno está cerrado y sólo ocupado por una docena de vehículos de alquiler.

Pero si en este aspecto las cosas han ido a mejor, en otros, especialmente para algunos negocios, el cierre del hospital ha certificado también su defunción.

'Víctimas'

Las primeras 'víctimas' como consecuencia del traslado de la actividad hospitalaria a Son Espases no tardaron en llegar. El quiosco de la zona de urgencias, el puesto de la ONCE o la floristería que había frente a la entrada principal sucumbieron casi de una forma inmediata. Los bares de la zona también han visto menguada sus recaudaciones como consecuencia de mucha menos afluencia de clientes. Otros, en cambio, han sabido adaptarse a la nueva situación y, algunos, incluso han mejorado. Es el caso de una tienda de reparación de calzado, ubicada en el centro comercial Sa Teulera. Su dueño, Edilson, reconoce que «la barriada está mucho más tranquila, y en mi caso, no he notado en absoluto el cierre del hospital. Además -prosigue- ahora hay más comodidades para los clientes, que no tienen problemas para aparcar su coche». Sin embargo, asegura que establecimientos como los bares «son los que verdaderamente han notado el cierre del hospital porque han perdido mucha clientela».

Delia Saleno, que tienen una clínica veterinaria en la zona, también ha visto cómo su negocio ha ido a mejor porque «mis clientes no tienen los problemas de acceso y de aparcamiento que había antes, incluso vienen de otras barriadas de Palma».
Las dos oficinas de entidades financieras de la zona han visto restringida la afluencia de público, aunque, como asegura el director de una de ellas, en estos momentos, «vienen clientes de otras zonas porque no hay problemas para aparcar».

La opinión general sobre el futuro del viejo Son Dureta abunda en la necesidad de darle, cuanto antes, al complejo un nuevo uso para revitalizar la zona y evitar su deterioro.