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El primer festejo taurino de la temporada de Palma, una corrida del arte del rejoneo celebrado la pasada noche del viernes, no se vió refrendado por el público ya que apenas el aforo del Coliseo Balear se llenó en un cuarto.

Presidió el palco, con una muy buena actuación, Miguel Guerrero, asesorado por Claudia Jiménez en la parte veterinaria y Jaume Soler en la artística, que acertaron concediendo las dos orejas de su segundo a Andy Cartagena.

Se guardó un minuto de silencio por los empleados del Coliseo Balear fallecidos recientmente: Antonio Jaime (torilero titular), Pep Fuster (taquillas) y Juanjo (areneros).

Fermín Bohórquez se topó con un primero de Piriz completamente distraído al que tuvo que cuidar para poder prender en todo lo alto los aceros, y reunidas, las banderillas. Pinchó tres veces y acabó con un rejón. Con su segundo, que salió perseguidor y con más gas, dejó ver su elegancia en el toreo a caballo, citando con sus monturas antes de prender muy reunidos todos los aceros. Muy aplauidido a dos manos, acabando de medio rejón.

Andy Cartagena fue el triunfador de la noche. No en vano es figura del rejoneo y lo demostró animando mucho al público en general y el incondicional que tiene en Palma. Con su distraido primero tuvo que insistir y dar rodeos ya que el toro buscaba la salida. Creó un soberbio espectáculo prendiendo al violín y al quiebro, alegrándo con vibrantes giros frente al toro, llegando mucho al público prendiendo también las cortas. Breve con los aceroscortó una oreja.

Su segundo, tuvo mucho son y colaboró en una faena en la que le vimos torear a dos pistas, realizar giros y en algunos momentos del tercio de banderillas tocar con la mano y casi la cabeza la testuz del toro, rematando de pinchazo y rejón.

Diego Ventura pudo haber triunfado pero se le resistieron los aceros. Aseado anduvo en su primero -falló en dos cortas- a pesar de no escatimar cites con balanceo muy vistosos. Más entonado estuvo en su segundo, donde fue protagonista de un tercio de banderillas de dentro fuera, quebrando y prendiendo al estribo, haciendo gala de sus grandes dotes de doma que tradujeron los ejemplares de su caudra. No mató bien y no se le concedieron trofeos. El público le dedicó palmas.