El director Daniel Monzón posa con el galardón a la Mejor Dirección, por la película 'Celda 211'. | Agencias

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Daniel Monzón pasea con naturalidad la humildad que el presidente de la Academia del Cine Español, Alex de la Iglesia, reclamaba el domingo al sector cinematográfico durante su discurso de la gala de los Premios Goya. Sin dormir, emocionado por lo que le está sucediendo y consciente del interés que generan los ocho goyas logrados por Celda 211, el cineasta mallorquín atendía ayer a este periódico «aún sin digerir lo que ha pasado».

-¿Cómo resume lo que le está sucediendo?
-Es la consecución del sueño de un director de cine, hacer una película que guste de esta manera, que conecte así con la gente y que reciba tantos recnocimientos. Un director de cine sueña, al menos una vez en toda su carrera, con esto.

-Robándole una frase que le pertenece: «Maldito, nos emocionó» cuando su voz se truncó al recoger el premio a la Mejor Dirección.
-Fue el momento más emocionante. Perdí la serenidad al dedicárselo a mi mujer y a mi hija y si llego a estar dos minutos más en el escenario, me hubiera puesto a llorar. Lo realmente emocionante fue cuando Marta Etura recogió el premio a la Mejor Actriz de Reparto. Lloré al ver a Luis Tosar llorar, y a Resines y Carlos Bardem hacer la señal de la victoria. Que se premiara a los actores para mí era importante.

-Especialmente, que se reconociera el trabajo de Tosar.
-Sí, porque desde que la película se estrenó en Venecia le habían dicho una y otra vez: «¡El Goya es tuyo!». Y yo pensaba, ojalá se lo den porque, aunque Luis es una persona que sabe conservar la calma, si después de un bombardeo así no te lo dan es un bajón tremendo. Cuando dijeron su nombre fue casi un alivio, respiré.

-Su Goya llegó con la aparición de Almodovar. Toda una sorpresa...
-Me pareció un gesto estupendo y aquí tengo que romper una lanza por Alex de la Iglesia que es lo mejor y tiene capacidad para reunir a la industria. Subí al escenario aún medio aturdido y de repente una figura entre bambalinas me abraza y me dice: «Enhorabuena, me alegro mucho». Al apartarme ví a Pedro Almodóvar y la alegría fue doble: porque me felicitara Almodovar y verle allí.

-Fue una gala de reencuentros, de audiencias históricas y dirigida por un grande, Buenafuente. El año de 'Celda 211' pasará a la historia...
-No se puede pedir más. La verdad es que todo lo relacionado con estas película está siendo un camino de baldosas amarillas. ¡Maravilloso!
-El presentador le dio unos minutos de protagonismo en la gala. Algo bueno se preparaba...
-Fue un momento muy divertido. Yo traté de ir a la ceremonia con un planteamineto zen: No nos van a dar nada y si nos dan uno, bien.... Y fueron ocho. La verdad es que me alegré de todas las nominaciones en vez de echar de menos las que no ganábamos.

-El presidente reclamó ayuda para fortalecer la industria. ¿Qué le pareció su discurso?
-Hay que apoyar a la industria cine porque tiene que ver con la cultura y la identidad. Los que nos dedicamos a esto somos trabajadores al igual que todos los demás.

-¿De verdad cree que los otros nominados lo merecían más que usted?
-Me resulta terriblemente grato el reconocimiento, pero los que estaban nominados son directorazos.
-¿Está ya entre los grandes?
-Si hago otra película, espero siempre estar situado en el mismo sitio. Si por estos premios te consideras uno de los grandes es el camino más directo al fracaso.

-¿'Celda 211' demuestra que se puede hacer buen cine sin grandes presupuestos?
-Claro, pero hay películas que necesitan grandes presupuestos como el caso de Àgora.

-¿Qué le dijo Amenábar?
-Hace unos dís nos vimos y me dijo: «Te lo vas a llevar todo y, además, me alegro». El domingo chocamos las cabezas de nuestros Goyas.