Frescor callejero con sabor añejo

Son muchos los palmesanos que han rescatado la tradición de tomar la fresca durante las horas vespertinas

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Nunca vista

Hubo un tiempo en que la gente regresaba a su casa después de una jornada marcada por el agobio laboral y el calor asfixiante del verano y, sin ningún tipo de titubeos, sacaba las sillas, o las hamacas en casos extremos, a la entrada de su casa. Se sentaban allí para disfrutar de la refrescante brisa vespertina y aprovechaban para ver pasar la vida. Sin duda, eran otros tiempos. Pero afortunadamente hay muchos ciudadanos, herederos de esta tradición pueblerina, que se niegan a perder este tesoro tan preciado.

En Palma existen barrios que, dada su infraestructura urbanística, permiten a sus vecinos gozar de horas muertas en las aceras, tomando la fresca. Las aceras son ojeadero clave, atalaya imprescindible a la hora de mirar despacio, sin prisa, intentando desentrañar los porqués de las cosas y de las gentes. Cada cual se lo monta como quiere; unos leen, mientras que otros cotillean amistosamente, cenan o juegan al bingo o a cartas. Entre hojeada y hojeada al libro, entre charla y charla, o entre cerveza y cerveza, estos vigilantes de acera levantan la cabeza. Alguien que pasa, un modo de andar, una mirada, un gesto, unos zapatos, una sonrisa, pueden cobrar de pronto significados apasionantes.

Catalina, Teresa, Isabel y Catalina Salom son un grupo de vecinas del barrio de Santa Catalina seguidoras de esta tradición. Ellas, junto a la perrita Tosca, salen a la calle todos los días de 20.00 a 22.00 horas para cotillear de temas varios, «menos de política», como ellas mismas afirman.

Es Molinar es la zona más concurrida por estos veraniegos callejeros. La familia Bonet destaca el carácter de unión familiar que suponen estas salidas. «Desconectas de la televisión y te centras sobre todo en charlar con los tuyos, algo que hoy en día es bastante difícil de conseguir», afirman. Esta misma idea la defiende la familia Serra, que desde que se trasladó a es Molinar, hace ya ocho años, sale casi todas las noches con sus hijos y, en ocasiones, con los abuelos. Para las familias Iglesia, García y Sans, vecinos entre sí, las salidas nocturnas son algo mucho más jovial y divertido, ya que aprovechan esas horas para jugar a cualquier cosa.

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