Despedida de Mallorca pasada por agua

Antonio Banderas dedicó la mañana a los deportes náuticos, mientras Melanie Griffith prefirió tomar el sol antes de volar a Málaga

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Hasta el año que viene.

Hasta el año que viene.

El matrimonio Banderas, Antonio y Melanie Griffith, abandonó ayer la Isla por la base de vuelos privados tras una visita breve, pero intensa. Antonio, muy relajado, comentó que se lo habían pasado muy bien en Mallorca, adonde llegaron muy cansados, pues llevaba más de dos días sin dormir, obligado por los requerimientos de su profesión y el cambio horario desde México, de donde llegaron a Londres y, de allí, a Palma. El actor malagueño más internacional de todos los tiempos añadió que «volveremos el año que viene», cuando competirán con un barco nuevo en la Copa del Rey de Vela, una de sus grandes aficiones.

Habló también de la cena que tuvo ocasión de compartir con el Rey, de la gran camaradería que existe a bordo del «Tau», y ella, de que a pesar de que ha tomado el sol, «no me voy muy morena», pues su tez es blanquísima, por ser ella pelirroja. El matrimonio voló con destino a Málaga, y luego, por carretera, se desplazaron a Marbella, a reunirse con la familia. En la casa que poseen allí pasarán el resto del verano hasta que las obligaciones escolares de los hijos los hagan regresar a Estados Unidos.

Durante los tres días que han estado en Palma han dedicado prácticamente todo el tiempo al mar. Incluso han vivido en un barco amarrado en uno de los últimos pantalanes del Club Náutico. Y el mar lo han repartido como lugar de trabajo, al menos él, pues durante un día anduvo a la caña del «Tau», y de ocio, puesto que cada vez que finalizaba la regata, buscaban una cala y se bañaban en ella. También cenaron con el Rey. Fue el sábado, ¿recuerdan? en Es Baluard, donde la víspera había cenado el Príncipe.

El último día en Palma lo dedicaron, cómo no, al mar. Esta vez sacaron las motos acuáticas y los esquís y, sobre todo él, pasó gran parte del tiempo practicando una y otra modalidad, a la vez que evidenciaba una excelente forma porque, ¡menudo tute se dio! Ella, en cambio, optó por quedarse casi todo el rato a bordo, tomando el sol y dándose algún que otro chapuzón. ¿Arrumacos? Esta vez no los hubo, sino que, por el contrario, dieron sensación de cierto distanciamiento.

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