El líder norcoreano Kim Jong Un inspecciona ojivas nucleares. | Reuters

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La Oficina de Derechos Humanos de la ONU presentó un nuevo informe que compila casos de desapariciones forzosas y secuestros a cargo del Gobierno de Corea del Norte que exige más esfuerzos para traer justicia y reparación a las víctimas y a sus familias. «Las desapariciones forzosas son uno de los crímenes más atroces porque no solo afecta a la víctima en sí, sino también a sus familiares durante generaciones, tal y como muestra el informe», explicó hoy el director de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU de Seúl, James Heenan, durante la presentación del documento en la capital surcoreana.

El reporte, titulado «These wounds do not heal» («Estas heridas no se curan»), se basa en 80 entrevistas con personas que han sido secuestradas o retenidas contra su voluntad contra el régimen o de familiares de aquellos que han desaparecido en el país más hermético del mundo. Los testimonios revelan el daño grave y persistente a nivel emocional y psicológico que sufren las familias que quedaron atrás, además del impacto económico, puesto que en muchos casos las personas desparecidas eran la principal fuente de ingresos para el hogar.

Los casos que recoge en el informe pueden dividirse en cuatro categorías, empezando por los de miles de surcoreanos hechos prisioneros durante la Guerra de Corea (1950-53) y nunca devueltos. A ellos se suman los de las familias con integrantes de origen coreano y nipón (unas 93.000 personas en total) que, al término de la II Guerra Mundial, fueron repatriadas de Japón a Corea del Norte en una campaña orquestada por Pionyang para captar mano de obra y talento del exterior.

También se recogen las personas que estando en Corea del Norte (e incluyendo a aquellas deportadas desde China tras huir del país) fueron enviadas a las infames colonias penales conocidas como «Kwanliso» sin que se vuelva a saber de ellas, y los individuos secuestrados tras la Guerra de Corea, incluyendo surcoreanos (más de 500), japoneses (al menos 13) y personas de al menos otra decena de nacionalidades.

«Estuve esperando el avión, que no aterrizaba, durante horas. Finalmente a las cuatro de la tarde emitieron un boletín informando del secuestro del avión. Y así he estado cinco décadas, sin saber nada más sobre mi marido», aseguró hoy Lee Mo, esposa de Jang Ki-yeong, que estuvo hoy en la presentación del documento junto con otras víctimas y familiares.

Jang fue uno de los 11 tripulantes de un avión de Korean Air que Pionyang secuestro en 1969 y que nunca devolvió a su país de origen. «Nos estamos quedando sin tiempo para traer justicia a estas personas», insistió Eleanor Muñoz, integrante de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU, al presentar hoy a víctimas y familiares y recordar que muchos de estos últimos han fallecido sin saber qué ha sido de sus seres queridos. «Lo que más quieren las víctimas: la verdad», subrayó Heenan, que apuntó que el informe hace recomendaciones muy claras; exige, principalmente a Pionyang, transparencia, rendición de cuentas y ante todo que no se repitan más casos así.