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Cunde la indignación entre la profesión periodística y las organizaciones que durante largo tiempo han trabajado por la convivencia en las siempre problemáticas Franja de Gaza y Cisjordania tras la muerte violenta por un disparo en la cabeza de la reportera palestina Shireen Abu Aqleh, considerada por muchos como un referente en la información política de Oriente Medio, y ampliamente especializada en la cuestión palestina. «Se puede comprobar que iba perfectamente identificada como prensa. La reportera tenía una enorme experiencia trabajando en la Palestina ocupada», ha escrito al respecto el también periodista Hibai Arbide en las redes sociales.

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No existe consenso ni siquiera en la responsabilidad de su asesinato: palestinos e israelíes se acusan mutuamente de haber apretado el gatillo. Pero más allá del cotidiano enfrentamiento la muerte de la reportera ha generado estampas especiales; por ejemplo a palestinos de diferentes religiones y confesiones orando juntos por el reposo de Shereen Abu Aqleh antes de ser llevada a su lugar de enterramiento. Sobre el féretro, su chaleco de corresponsal manchado de sangre. Muchos en el lugar crecieron escuchando sus crónicas y ahora asisten aun incrédulos a las escenas que han rodeado su muerte.

Su traslado ensangrentada o la compañera identificada como 'Prensa' llorando de desesperación al lado de su cuerpo inerte en el suelo son estampas que se fijan en las mentes que hoy sienten especialmente su pérdida. Fue una de las primeras mujeres árabes en ejercer de reportera de guerra, desde un ya lejano 1997 hasta este miércoles de mayo, cuando un tiro ha apagado violentamente y a la fuerza no solo una voz y una mirada críticas. Ese tiro ha extinguido la luz de un faro para todos. También una vida humana única e irrepetible, como todas aquellas que la guerra arrebata cada día a lo largo y ancho del globo, en Ucrania, en Palestina, y en tantos otros lugares.