El principio de «paz por territorios» instaurado en la Conferencia de Paz de Madrid se difumina una vez mas en Oriente Medio. | ABIR SULTAN

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El principio de «paz por territorios» instaurado en la Conferencia de Paz de Madrid, que cumplirá este año tres décadas, se difumina una vez mas en Oriente Medio, incumpliendo sus dos premisas para la creación de dos estados, Israel y Palestina: sin paz para ninguno de los dos y cada vez con menos territorio para los palestinos.

El entonces primer ministro israelí, Isaac Shamir, no quiso sentarse a la mesa negociadora en la capital española con Yaser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina, a quien consideraba un enemigo, y la delegación palestina tuvo que acudir conjuntamente con la de Jordania. Arafat vivió el evento desde su exilio en Túnez. Los dirigentes han cambiado, pero el litigio por la tierra continúa. Los palestinos solo lograron sobre el terreno una autonomía parcial en Cisjordania ocupada, mientras que en Gaza viven bajo el férreo bloqueo israelí.

La asimetría de los contendientes se refleja en el peso de los apoyos internacionales. El gobierno estadounidense de Joe Biden, que ha dado su pleno apoyo a Israel y a su derecho a defenderse, ha evitado pedir públicamente un alto el fuego. Mientras, Palestina observó como en 2020 tres países árabes mas firmaron acuerdos de paz con Israel: Emiratos, Baréin, Sudán y Marruecos.

La mecha de los bombardeos israelíes de Gaza y los lanzamientos de cohetes por las milicias palestinas de Hamás y la Yihad Islámica contra territorio israelí, que se suceden desde hace nueve días, prendió en Sheij Jarrah, un barrio de Jerusalén Este ocupado por Israel en 1967.

Allí comenzaron las protestas contra el desahucio de sus viviendas por parte de varias familias palestinas (descendientes de los refugiados palestinos de otro barrio de Jerusalén que Israel ocupó en 1948) en favor de los colonos judíos.

Luego se extendieron a Jerusalén Este ocupado, donde fueron fuertemente reprimidas, y llegaron hasta la Explanada de las Mezquitas en la Ciudad Vieja de Jerusalén y a localidades árabes israelíes como Nazaret o Haifa. Hasta el momento, las milicias de Gaza han lanzado cohetes a territorio de Israel que causaron 10 muertos y unos 300 heridos. La respuesta del Ejército israelí ha ocasionado 213 muertos y 1.235 heridos entre los palestinos. Además fallecieron 75 milicianos de Hamás y «decenas» de la Yihad Islámica.

Históricamente las operaciones de castigo del Ejército israelí a los hostigamientos desde Gaza han causado un balance de víctimas civiles desproporcionado: en 2004, en la operación «Días de penitencia», en represalia por la muerte de dos niños israelíes, el Ejército israelí mató a 107 palestinos.

En la penúltima y mas sangrienta, la Operación «Margen Protector» (8 julio-26 agosto de 2014) contra Hamás con fuego de aviación, artillería naval y después terrestre, iniciada tras el asesinato de tres jóvenes israelíes en Cisjordania, ocasionó la muerte de 2.251 palestinos (1.462 civiles y 551 de ellos niños). También murieron 67 soldados y seis civiles israelíes.

La situación del Ejército israelí, uno de los mas sofisticados del mundo -en la actualidad está mejorando las capacidades operativas del innovador caza supersónico F-35 estadounidense-, y la de las milicias palestinas -sin un Estado ni ejército ni fronteras-, muestra otra dispar correlación de fuerzas.

El sistema antimisiles israelí Cúpula de Hierro neutralizó el 90 % de los cohetes palestinos, pero los bombardeos israelíes en Gaza destruyeron numerosos edificios que han dejado a 47.000 personas sin hogar, según datos de la Agencia de la ONU para refugiados. La disparidad numérica afectó los intercambios de prisioneros de forma inversa: el soldado israelí Gilad Shalit, secuestrado por Hamas durante cinco años en Gaza, fue liberado en 2011 a cambio de 477 prisioneros palestinos.

El conflicto persiste ante la incomprensión de parte de la sociedades israelí y palestina, que ven lejanos los deseos de las delegaciones que lograron en Madrid un principio de acuerdo, tras muchas negociaciones, aún sin fructificar.