La silueta de un hombre ante varios coches incendiados durante la segunda noche de disturbios tras el tiroteo de Jacob Blake por parte de agentes de policía, en Kenosha, Wisconsin. | TANNEN MAURY

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Manifestantes incendiaron edificios y vandalizaron buena parte del distrito comercial negro de Kenosha, Wisconsin, en la segunda noche de disturbios provocados por el accionar de la policía, que el fin de semana hirió de gravedad a un hombre tras dispararle por la espalda en presencia de sus hijos pequeños.

El humo inundó el centro de Kenosha después de que la policía con equipo antidisturbios se enfrentara con los manifestantes que desafiaban el toque de queda en la noche del lunes y la mañana del martes, cerca de donde la policía le disparó el domingo a Jacob Blake.

Blake permanecía en terapia intensiva tras ser operado y requeriría más cirugías, dijo a ABC News el abogado de derechos civiles Ben Crump, que representa a la familia de la víctima. En tanto, su padre dijo al Chicago Sun-Times que el hombre de 29 años estaba paralizado de la cintura para abajo.

Blake, que había tratado de poner fin a una pelea entre dos mujeres, recibió cuatro disparos, todos efectuados por un oficial, frente a sus hijos de 3, 5 y 8 años, sostuvo Crump.

Un vídeo del tiroteo filmado por un transeúnte mostró a Blake caminando hacia el lado del conductor de un SUV de color gris seguido por dos oficiales con sus armas apuntándole a la espalda. En la grabación se escuchan siete disparos cuando Blake, que parece desarmado, abre la puerta del coche, y un agente le tira de la camisa. Crump dijo que «no había indicios de que estuviera armado».

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El incidente, el último de una serie de casos que ponen el foco en el tratamiento policial a los afroamericanos, desató la indignación en la ciudad de Kenosha, a unos 65 km al sur de Milwaukee.

El tiroteo se produjo tres meses después de la muerte en Mineápolis del afroamericano George Floyd, que fue inmovilizado en la calle bajo la rodilla de un agente de policía blanco, un suceso que desencadenó protestas en todo el país contra la brutalidad policial y el racismo en el sistema de justicia penal de Estados Unidos.

En las protestas que estallaron el domingo por la noche, algunos manifestantes provocaron incendios y lanzaron ladrillos y cócteles molotov a la policía, lo que llevó a las autoridades a cerrar los edificios públicos.

Los activistas del movimiento Black Lives Matter exigieron la detención inmediata de los agentes implicados en el tiroteo, a los que se les concedió un permiso administrativo.

La agitación hizo que el gobernador Tony Evers ordenara el despliegue de tropas de Guardia Nacional en la ciudad para ayudar a mantener el orden, aunque también condenó el «uso excesivo de la fuerza» en el episodio y pidió una sesión legislativa especial la próxima semana para estudiar reformas policiales.

También se produjeron disturbios en otras partes de Estados Unidos, con enfrentamientos durante la noche en Portland, Seattle y Mineápolis. En la ciudad de Nueva York manifestantes tomaron el Puente de Brooklyn, según un vídeo publicado en redes sociales.