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El primer ministro turco, Binali Yildirim, ha elevado a más de 2.800 el número de militares detenidos por su presunta relación con la intentona golpista y ha prometido que el Gobierno revisará el actual marco legal para dar la «mejor respuesta» a la rebelión.

Yildirim ha descrito la asonada como una «mancha negra» en la historia de Turquía, si bien ha destacado que su derrota demuestra el compromiso del país con la democracia. En este sentido, ha dado por derrotado el golpe y ha confirmado que las autoridades legítimas, tanto militares como políticas, tienen pleno control de la situación.

El primer ministro ha lamentado la muerte de 161 personas por las actuaciones de los golpistas, que también habrían dejado 1.440 heridos. El balance en el lado rebelde cifra en unos 20 los muertos y en más una treintena los heridos, por debajo del centenar que había confirmado poco antes el jefe interino de las Fuerzas Armadas, Umit Dundar.

Por otra parte, al menos 2.839 militares han sido detenidos por su presunta colaboración con el golpe, según Yildirim, que ha incluido entre los sospechosos tanto a soldados rasos como a oficiales de alto rango. El Gobierno había informado previamente de la destitución de cinco generales y 29 coroneles.

El jefe del Ejecutivo ha apuntado en su comparecencia que la pena de muerte no existe actualmente en el Código Penal turco, pero ha advertido de que las autoridades estudiarán cambios en la legislación para que sucesos como el de la pasada madrugada no vuelvan a tener lugar.

Estructura paralela

Yildirim ha atribuido el golpe a una «estructura paralela», una alusión que se ha repetido en las diferentes reacciones de las autoridades al intento de golpe de Estado, incluida la del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan.

El Gobierno islamista se refiere de esta forma a los seguidores del clérigo Fetulá Gulen, exiliado en Estados Unidos y acusado de conspirar contra las actuales estructuras del Estado turco. Bajo estos argumentos, Erdogan ha emprendido en los últimos años una purga del sistema judicial y policial.

Yildirim ha avisado de que cualquier país que apoye al clérigo no será un amigo de Turquía, hasta el punto de que sería como si estuviese en «guerra».

Gulen, sin embargo, ha rechazado «categóricamente» estar detrás de la rebelión militar. «El Gobierno debería ganarse mediante un proceso de elecciones libres y justas, no por la fuerza», ha subrayado, en un comunicado en el que ha abogado por una resolución «pacífica».