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Los británicos se decantaron en referéndum por la «libertad» frente al «control» de la Unión Europea (UE), como esgrimieron los defensores del «brexit» (salida del Reino Unido del bloque comunitario) durante la campaña, frente al mensaje de estabilidad y seguridad de los defensores de la permanencia.

Al haberse superado el recuento del 50 % de los votos, el bando defensor del «brexit» se declaró ganador de la votación celebrada el pasado jueves, con una elevada participación que alcanzó el 72 %.

Los partidarios del divorcio con la UE disfrutarán este viernes del «día de la independencia» con el que venía soñando. «La libertad para volver a tomar el control» proclamada por el exalcalde «tory» (conservador) de Londres Boris Johnson, el dirigente más destacado del «Vote Leave» (a favor de la salida) y que podría convertirse en el nuevo líder del Partido Conservador.

Acompañado por Michael Gove, ministro de Justicia, y por el eurófobo líder del Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, los ganadores de este pulso lograron convencer a los británicos de que es mejor dedicar a la educación y a la sanidad los 350 millones de libras (445 millones euros) que, según ellos, entregan semanalmente a Bruselas.

Durante este referéndum, que ha sesgado en dos a la sociedad británica, ha hecho mella el miedo a la inmigración masiva y a la amenaza del terrorismo, el deseo de controlar las fronteras, las ambición de comerciar por libre con China o el resto de Asia y los anunciados permisos de trabajó para los extranjeros más cualificados.

La victoria del «brexit» pone entre las cuerdas al primer ministro, David Cameron, que encabezó la campaña «Stronger in Europe» (más fuertes en Europa) y que asumió un arriesgado viaje sin feliz destino, cuando se comprometió a celebrar el plebiscito si ganaba las elecciones generales en 2015.

Cameron pagará previsiblemente un elevado precio por haber intentado satisfacer las demandas del UKIP y de los conservadores euroescépticos y, aunque ha dicho que no pensaba dimitir si se daba esta circunstancia, es posible que no tenga otra salida.

Ni los avisos de los principales organismos internacionales ni de nueve de cada diez economistas del Reino Unido ni de numerosas figuras públicas sirvieron para que calara el remachado mensaje de Cameron de que «el Reino Unido será más fuerte, más seguro y mejor en una Europa reformada».

El laborista Jeremy Corbyn tendrá también que rendir cuentas por la tibieza con que actuó en campaña en defensa de la permanencia en el bloque comunitario, pese a ser ésta la postura oficial del principal partido de la oposición.

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Mientras, la primera ministra de Escocia y líder del Partido Nacional Escocés (SNP), Nicola Sturgeon, puede atreverse con un segundo referéndum de independencia de Escocia como amenazó durante la campaña si ganaba el «brexit» en contra del proeuropeísmo de los escoceses.

El resultado ha sorprendido porque las encuestas daban un giro por la permanencia, y la subida de la libra y la estabilidad de los mercados podían ser un argumento suficiente para que los británicos votaran con la mano en el bolsillo.

También con el corazón, porque el ascenso de los sondeos a favor de la continuidad en el bloque se produjo después del asesinato de la diputada laborista proeuropea Jo Cox, que conmocionó al país, a manos de un hombre que gritó «¡Gran Bretaña primero!» y que clamó «libertad para el Reino Unido».

Irlanda mira con preocupación este resultado, pues la posible salida del país vecino podría afectar al proceso de paz en Irlanda del Norte y a la economía de la isla.

De hecho, el presidente honorífico del partido republicano norirlandés Sinn Féin, Declan Kearney, afirmó que esta «victoria» debe impulsar la convocatoria de un referéndum sobre la unidad de Irlanda.

No habrá descanso tras esta fiesta de la democracia que hará tambalearse al mundo entero, y todos los ojos están puestos en la apertura de la bolsa y en la libra, que se desplomó ante el avance del «brexit» a su nivel más bajo desde 1985.

Este jueves, sin embargo, cuando los sondeos apuntaban a que los británicos seguían en la familia de los Veintiocho, alcanzó su punto más alto en lo que va de 2016.

El futuro resulta ahora incierto pero los británicos han decidido echar los dados a rodar. Para los ganadores de esta batalla, este paso significa la independencia de una Europa «antidemocrática», la liberación de un 60 % de leyes que consideran impuestas por Bruselas y la apertura a un mercado mundial sin cortapisas de ningún tipo.

Comienza de este modo otra compleja negociación con la UE para consensuar un nuevo marco de relaciones entre la isla y los demás Estados miembros, y para redefinir los acuerdos con terceros países, puesto que el artículo 50 del Tratado de Lisboa no establece una hoja de ruta del procedimiento de salida.