La mesa negociadora, reunida en el hotel Intercontinental de Ginebra. | POOL

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Parece que el acuerdo entre Teherán y el grupo 5+1 sobre el controvertido programa nuclear iraní va a tener que esperar. Las objeciones de Francia se han sumado a las dificultades. Después de las expectativas despertadas por la presencia en Ginebra del secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y a pesar de las intensas sesiones que se mantuvieron hasta última hora, los negociadores admitieron ayer que aún existían diferencias importantes entre ellos.

No obstante, en un signo de que hay voluntad de encontrar una solución, acordaron volver a reunirse dentro de una semana o diez días.

Divisiones

«Hay divisiones entre el grupo del 5+1», declaró el ministro iraní de Exteriores, Mohamed Javad Zarif, en referencia a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (EE UU, Rusia, China, Reino Unido y Francia) más Alemania, con los que su país negocia. Más tarde, en una entrevista con la BBC, Zarif se mostró convencido de que eventualmente «se conseguirá un acuerdo», pero advirtió de que hay un plazo de tiempo limitado para ello.

Las diferencias se hicieron patentes ya por la mañana, cuando el jefe de la diplomacia francesa, Laurent Fabius, manifestó que no tenía la seguridad de que se pudiera concluir el acuerdo y que su país no iba a aceptar «un timo de la estampita». Fue un jarro de agua fría tras el clima de optimismo que habían transmitido tanto los negociadores iraníes como otros occidentales.

Francia quería que Irán renunciara al reactor nuclear de Arak y ponía objeciones al destino del uranio enriquecido por encima del 20 %, dos aspectos de su programa atómico que pueden llevar a conseguir material para una bomba.