Mujeres del Ejército de Pyongyang, desfilando en la plaza Kim il-sung ante una multitud. | JASON LEE

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Desde mosaicos humanos hasta potentes misiles, siempre bajo la atenta mirada del líder, Kim Jong-un, un espectacular desfile conmemoró ayer en Pyongyang el 60º aniversario del fin de la Guerra de Corea (1950-53), un hito que marca seis décadas de conflicto latente.

En una jornada soleada en Pyongyang transcurrió el mayor desfile militar de la historia del país, según las autoridades norcoreanas, para conmemorar la firma del armisticio que todavía no ha sido sustituido por un tratado de paz.

Vestido con su clásico atuendo azul oscuro, un hierático Kim Jong-un presidió en el palco principal el acto, en el que dirigió saludos a las multitudes en respuesta a sus ovaciones y gestos de fidelidad.

Finalmente no llegó el esperado discurso del «líder supremo», que durante los 20 meses que lleva en el poder solo ha hablado una vez ante las masas, y en su lugar se pronunció el vicemariscal Choe Ryong-hae, máxima autoridad del Ejército tras Kim, que prometió mantener la sólida defensa militar del país ante las amenazas externas.

Aliado chino

Destacó la presencia, junto a Kim Jong-un, del vicepresidente de China, Li Yuanchao, considerado el número ocho en la estructura de liderazgo del país y el más alto funcionario de Pekín en visitar Corea del Norte desde que el joven Kim Jong-un asumiera el poder en diciembre de 2011.

Frente a las autoridades comunistas, miles de soldados desfilaron con paso marcial en perfecta coordinación a los acordes de música militar para formar módulos en los 75.000 metros cuadrados de la plaza Kim Il-sung.

Se incorporaron al desfile helicópteros y otros vehículos militares que exhibieron los temidos misiles de largo alcance de Pyongyang, en una aparente demostración de poder que viene siendo habitual en las celebraciones masivas del régimen.

Después de tres años de batallas en las que el número de muertos alcanzó más de tres millones, según los historiadores, el armisticio que hoy cumple seis décadas puso fin a las hostilidades y estableció la frontera entre ambos países en el paralelo 38, prácticamente igual que antes de comenzar la guerra.