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El presidente estadounidense, Barack Obama, ha autorizado el envío de armas a la oposición en Siria, después de que sus asesores anunciaran hoy que darían «apoyo militar» a los rebeldes, informó hoy el diario USA Today.

La orden se conoce pocas horas después de que la Casa Blanca determinara que el régimen de Bachar al Asad había utilizado armas químicas, entre ellas el neurotóxico gas sarín, en el conflicto civil de más de dos años que azota el país.

Esta tarde, Ben Rhodes, el consejero adjunto de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, no aclaró en una teleconferencia los detalles de que implicaba ese «apoyo militar» estadounidense a las fuerza opositoras a Asad.

El USA Today confirmó con varios funcionarios que esa ayuda incluirá armar a los rebeldes, aunque por el momento no se ha determinado qué tipo de armamento, que debería ir acompañado de entrenamiento y podría ir desde armas ligeras o fusiles, hasta lanzagranadas y artillería antitanques.

Hasta hoy la Casa Blanca se había negado a dar ayuda «letal» a los rebeldes, algo que dijo que no haría hasta tener pruebas irrefutables que el régimen de Damasco había cruzado la «línea roja» con el uso de armamento químico.

El senador republicano John McCain, uno de las principales voces a favor de una intervención que incluya también la creación de una zona de exclusión aérea, dijo hoy que Obama le había comunicado que su gobierno proveería armas a los rebeldes.

Los grupos rebeldes sirio recibían hasta ahora ayuda militar de Arabia Saudí, Catar y otros estado del Golfo que temen que grupos chiítas como Hizbulá y afines al gobierno de Irán se consoliden en Siria y apoyen los avances de las tropas gubernamentales.

En abril, Obama reconoció que era muy probable que armas químicas hayan sido utilizadas por fuerza leales Al Asad en un conflicto que dura ya más de dos años y que según cálculos de la ONU ha costado la vida a 93.000 personas.

El avance de las fuerzas de Al Asad, con el apoyo de Hizbulá e Irán, podría haber acelerado la decisión de la Casa Blanca, que llega una semana antes de que los países del G-8 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Canadá, Italia y Rusia) se reúnan en Irlanda del Norte.