Imagen difundida por islamistas somalíes del cadáver de un comandante francés.

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Una localidad del centro de Mali cayó ayer en manos de los rebeldes salafíes que controlan el norte del país, a pesar de la intervención militar francesa en favor de Bamako. Mientras, continúa una frenética actividad diplomática en busca de apoyos para el arranque inmediato de una operación militar internacional.

La ciudad de Diabali situada en la región de Segú, a 400 kilómetros de la capital, fue tomada por un grupo rebelde, que al parecer huyó el domingo de los bombardeos de la aviación gala contra la localidad de Lere, más al norte y fronteriza con Mauritania, según indicaron fuentes de seguridad que añadieron que un portavoz del grupo amenazó con «golpear el corazón de Francia».

Encerrados en casa

Las mismas fuentes declararon que entre los dirigentes que han entrado en Diabali se encuentran los líderes del grupo radical islámico Ansar al Din Sanda Uld Bumana y del terrorista Monoteísmo y Yihad en África Occidental (MYAO) Omar Uld Hamaha. Kalifa Traoré, un habitante de Diabali, aseguró por teléfono que el pánico se había extendido por la ciudad y que él, al igual que muchos ciudadanos, permanecía encerrado en su casa.

El ministro de Defensa francés, Jean-Yves Le Drian, confirmó que los rebeldes están «extremadamente armados y organizados», y reiteró que la misión de Francia, que fue autorizada este viernes por el presidente Hollande, durará «cierto tiempo».

Por su parte, la OTAN ha manifestado su apoyo a la intervención francesa para ayudar a frenar el avance de los grupos rebeldes islamistas, pero ha dejado claro que como tal la Alianza Atlántica no está implicada en la operación militar.