El general Fahd Yasem, nuevo ministro de Defensa sirio, durante el encuentro con el presidente sirio Al Asad. | SANA HANDOUT

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La lucha entre los rebeldes y las tropas gubernamentales por el control de Damasco se libró ayer calle a calle en el corazón de la capital, en medio de duros bombardeos del régimen en todo el país para aplastar la insurrección. Tras el atentado que descabezó la víspera el Ministerio sirio de Defensa, el mayor golpe asestado por los rebeldes al régimen, las fuerzas leales al presidente Bachar al Asad intensificaron sus acciones tanto en Damasco como en otras ciudades.

En una escalada de la violencia de difícil solución, los combates prosiguieron en barrios como Al Midan y Al Qabun, según los grupos opositores. El «número dos» del rebelde Ejército Libre Sirio (ELS), Malek Kurdi, explicó por teléfono que en estos dos barrios se libran duros enfrentamientos y que las tropas del régimen han irrumpido en ellos con tanques. Se calcula que más de 200 personas murieron ayer, según fuentes rebeldes.

Especulaciones

Ante la incertidumbre despertada, durante esta jornada medios de comunicación especularon con que el presidente se había trasladado a la ciudad de Latakia (noroeste) para planear una respuesta al ataque. Sin embargo, una fuente oficial aseguró que Al Asad se encuentra en Damasco y acudió ayer a su oficina para desempeñar sus labores.

Entre la agenda del jefe de Estado estuvo la toma de posesión del nuevo ministro de Defensa, el general Fahd Yasem al Freich, designado el miércoles tras la muerte de su antecesor. La televisión siria difundió unas breves imágenes de Al Asad en el acto de investidura y posterior reunión con Al Freich, las primeras del presidente desde el atentado.

Mientras, Rusia y China refrendaron ayer su papel como valedores del régimen de Asad, al ejercer por tercera vez su poder de veto en la ONU e impedir que el Consejo de Seguridad presione a Damasco con una amenaza de sanciones si no detiene el uso de armamento pesado. El máximo órgano de decisión de la ONU quedó de nuevo paralizado en su intento por frenar la crisis en Siria al reiterarse la diferencia de opinión que divide a los países occidentales, respaldados por la inmensa mayoría del Consejo, y Rusia y China, en su respuesta a la tragedia que vive el país árabe.