Angela Merkel celebra el triunfo rodeada de parlamentarios afines. | THOMAS PETER

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El Bundestag (Parlamento alemán) dio ayer luz verde por amplia mayoría a la contribución germana al segundo rescate de Grecia, pese a que la propia canciller, Angela Merkel, reconoció que puede que no sea la solución definitiva.

Tras dos horas y media de debate, un total de 496 diputados votaron a favor de la medida, cinco se abstuvieron y 90 se posicionaron en contra de que Alemania contribuya con 36.000 millones de euros a un nuevo programa de ayuda financiera a Atenas.

La coalición -la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel, su hermanada Unión Cristianosocial de Baviera (CSU) y el Partido Liberal (FDP)-, el Partido Socialdemócrata (SPD) y Los Verdes abogaron mayoritariamente por el «sí».

A las filas gubernamentales se le escaparon un grupo de voces disidentes y no lograron la llamada 'mayoría del canciller' o 'mayoría propia', para lo que necesitaba 311 votos afirmativos procedentes de sus diputados, pero sólo logró 304. Esta cuestión afeó el balance final de la canciller, ya que implica supeditar la aprobación del paquete al respaldo opositor.

«Proceso peligroso»

En su discurso de defensa del rescate, Merkel afirmó que la «estabilización» de Grecia -un «proceso largo» y «no exento de peligros»- pasa por el segundo paquete de ayudas, ligado a una serie de reformas estructurales y ajustes en la economía helena.

«Nadie puede dar una garantía de éxito del cien por cien», reconoció la canciller, que aseguró no obstante que las «oportunidades» que abre la aprobación del segundo rescate superan a los «riesgos» que conlleva.

«La solidez, el crecimiento y la solidaridad son los fundamentos de este nuevo paquete de rescate», afirmó.

Merkel recordó que Atenas tiene aún mucho que hacer en términos de mejora de la competitividad, de perfeccionamiento del sistema de recaudación fiscal, de mejora de la eficiencia, y de liberalización de su economía, a la vez que reduce su deuda pública hasta el 120% del PIB para 2020.