Primer plano de la ponencia de Paulo Pinheiro, presidente de la comisión independiente de investigación de la violencia en Siria, ayer en la ONU. | LAURENT GILLIERON

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El Consejo de Derechos Humanos de la ONU volvió a condenar ayer en términos enérgicos la represión de la revuelta antigubernamental que ha costado la vida a más de 4.000 personas desde marzo pasado, según Naciones Unidas.

Reunido con carácter especial, el Consejo condenó las «generalizadas, sistemáticas y graves violaciones de los derechos humanos y libertades fundamentales por parte de las autoridades sirias» para reprimir las protestas opositoras en el país.

Entre esas violaciones sistemáticas se destacan «las ejecuciones arbitrarias, el excesivo uso de la fuerza, el asesinato y persecución de manifestantes, activistas de derechos humanos y periodistas, las detenciones arbitrarias, las desapariciones forzadas, y la tortura y los malos tratos, incluso de niños».

Votos en contra

La resolución de condena contó con el apoyo de 37 países, el rechazo de cuatro (China, Rusia, Ecuador y Cuba) y la abstención de seis (Angola, Bangladesh, Camerún, India, Filipinas y Uganda).

La denuncia se basa en el informe de la comisión internacional de investigación, presentado el lunes, en el que tres expertos independientes constataron la comisión de crímenes contra la humanidad en la represión con la aquiescencia del Gobierno.

El Consejo recomendó que los Estados miembros de las Naciones Unidas y organizaciones regionales como la Liga Árabe «apoyen los esfuerzos para proteger a la población de Siria y ponga fin de inmediato a la grave violación de los derechos humanos». El informe será enviado al secretario general de la ONU, Ban ki-moon, para que lo transmita a todos los órganos de la organización.

Muertes

Al menos 13 personas murieron ayer, entre ellos dos menores y una mujer, por la acción represora de las fuerzas del régimen sirio al pretender sofocar las protestas que, como cada viernes, exigen la renuncia del presidente, Bachar al Asad.

Los Comités de Coordinación Local sitúan el mayor número de víctimas en Latakia, donde murieron cinco personas, otras tres perdieron la vida en Homs, un bastión rebelde.