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Con los cañones frente a la asediada Sirte, último bastión gadafista, y las tropas listas para su asalto, los rebeldes han dado un ultimátum de tres días para su rendición al igual que a otras diez localidades libias, mientras aceleran su actividad política y logística en Trípoli para normalizar la situación y enviar un mensaje de estabilidad.
Solo la pertinaz resistencia de los jeques y líderes tribales de la referida localidad, cuna del todavía desaparecido líder libio Muamar el Gadafi, parece ya preocupar militarmente al Consejo Nacional de Transición (CNT), convencido de que una vez que Sirte caiga, el resto de focos de resistencia desaparecerán.
Una batalla que podría no librarse si la negociación que existe en curso llega a buen puerto. Desde la ciudad de Bengasi, capital de los insurrectos, el presidente del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafa Abdulyalil, advirtió a los habitantes de Sirte que si no entregan las armas antes del próximo sábado, se lanzarán las operaciones armadas. «Esta es la última oportunidad. El plazo expirará el último día del Aid», agregó. Más contundente se mostró el portavoz militar de los rebeldes, el coronel Ahmad Omar Bani, quien dio a entender que la batalla final «es inminente».
La caída de Sirte se ha convertido también en el objetivo militar prioritario de la OTAN, cuya aviación ha sido clave para el avance de los rebeldes y el desplome de la resistencia gadafista. El portavoz castrense de las operaciones de la OTAN en Libia, el coronel Roland Lavoie anunció, asimismo, que las fuerza internacional mantendrá activo su operativo mientras considere que Gadafi, sus hijos y sus leales son aún una amenaza.