Densas humaredas provocadas por el incendio controlado del crudo que emerge de los pozos del Golfo de México. | Reuters - HO

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Ingenieros de la petrolera británica BP bajaron ayer una gran cúpula sobre el pozo que está realizando un grave vertido de crudo en el golfo de México a raíz de la explosión de la plataforma petrolífera en la que se encontraba hace más de dos semanas.
Si todo sale según lo planeado, la estructura de unos cuatro pisos de alto redirigirá el flujo de crudo desde casi 1.600 metros por debajo la superficie del mar y lo bombeará a la superficie. No obstante, responsables de BP advirtieron de que no será una tarea fácil porque esa técnica no fue probada a esa profundidad, donde los ingenieros deben guiar a robots subacuáticos en medio de una total oscuridad, fuertes corrientes y alta presión.
BP explicó que el contenedor puede estar operativo el lunes. Ayer, el Gobierno federal aumentó la presión sobre BP, y dijo que se asegurará de que la firma cumpla con su responsabilidad en limitar el daño del que podría ser el mayor derrame en la historia de Estados Unidos.
Tras reunirse con ejecutivos de BP en Houston, el secretario del Interior estadounidense, Ken Salazar, dijo que la compañía y sus socios cometieron «varios errores importantes» aunque declinó decir si estos fueron antes o después de la explosión. «Su vida se está jugando en buena parte aquí», declaró Salazar a la prensa. «¿Están haciendo todo lo posible? Espero que así sea. Quiero asegurarme de que eso esté ocurriendo», agregó.
Salazar reiteró que el Gobierno estadounidense no entregará nuevos permisos para hacer perforaciones petroleras hasta que un panel interdisciplinario formado por miembros de diferentes agencias estatales entregue un informe al presidente, Barack Obama, el 28 de mayo. Mientras tanto, la actividad en el sector continuará.
El derrame amenaza con producir una catástrofe ambiental en las costas de cuatro estados y ha obligado a Obama a replantearse sus planes para abrir más aguas a la perforación mar adentro.