¿Dónde están las subvenciones?

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El Paseo del Prado en Madrid es un precioso bulevar que va desde Colón a Atocha. Los ajardinados laterales y los árboles que iban a ser abatidos en tiempos del alcalde Gallardón para dar más espacio a los automóviles, fueron salvados por una teatral actuación de Tita Cervera, baronesa Thyssen, que se encadenó a uno de ellos y logró la inmediata atención de los medios locales, nacionales y extranjeros, y el seguro agradecimiento de los troncos y sus ramas.

Lo que quizás no previó la baronesa fue que una parte de la zona ajardinada, precisamente la que se encuentra enfrente del Ministerio de Sanidad, antigua sede de los sindicatos verticales, fuera utilizada como campamento con sus alineadas tiendas de campaña, donde se alojan una serie de individuos que han decidido que ellos quieren vivir a costa de los demás.

El recinto tiene una bandera en forma de pancarta orientada al Ministerio que dice “¿Dónde están las subvenciones?”, ni especifica cuáles son ni yo me molesté en averiguarlo. No pedían inversiones estatales, programas de formación para sustituir los empleos perdidos por otros nuevos o actuaciones similares que permitieran mirar al futuro.

No, piden que entre todos les subvencionemos para poder seguir mirando al pasado, sea cual sea, y que el Estado se aplique la teoría del zapato estrecho, que una vez comprado hay que calzarlo aunque lastime porque se ha realizado la inversión olvidándose de que es mucho más barato tirar el inútil zapato a la basura y comprarse uno nuevo que se ajuste adecuadamente a las circunstancias.

Les convendría saber a los buscadores de subvenciones que en los países de tradición socialdemócrata, tipo Suecia, no se protegen los puestos de trabajo que los empresarios crean o suprimen, en general con el apoyo de los sindicatos que suelen ocupar puestos en los consejos de administración, sino a los trabajadores a los que, además de un generoso seguro de paro, se les ofrecen los necesarios cursos de formación en las profesiones en las que hay demanda, y se les ayuda a acoplarse a las nuevas circunstancias, que a veces incluyen un traslado de domicilio.

Aquí, lo que muchos desean es recibir la subvención en la misma oficina de Correos de toda la vida, en el lugar en el que estaba la industria obsoleta que ha desaparecido, sin darse cuenta de que incluso la citada oficina desaparecerá también, con sus respectivos puestos de trabajo.