La RSC, capital reputacional

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La Responsabilidad Social Corporativa (RSC) es la actitud que asumimos voluntariamente en los negocios que afectan a la sostenibilidad del mercado, del medioambiente y las preocupaciones y expectativas de los diversos grupos de interés (stakeholders), es decir, pretende desarrollar un modelo de empresa de excelencia social que le permita crear valores económicos y sociales al mismo tiempo, basando su compromiso en las siguientes cinco áreas: valores y principios éticos; condiciones de ambiente de trabajo y empleo; apoyo a la comunidad; protección del medio ambiente y marketing responsable.

La gestión socialmente responsable se inicia a mitad del siglo pasado en EEUU por un grupo de empresas que anteponen el buen gobierno al simple cumplimiento de las normas legalmente establecidas. Pero el salto cualitativo del compromiso social se produce en el año 1999 cuando en la ONU se crea el llamado Pacto Mundial (The Global Compact) como la gran iniciativa voluntaria (impulsado por el secretario general Kofi Annan ) de responsabilidad social empresarial en el mundo y que se basa en un conjunto de valores fundamentales, los llamados 10 Principios del Pacto Mundial, en las áreas de derechos humanos (2), normas laborales (4), medioambiente (3) y lucha contra la corrupción (1).

En 2015 en el seno de la ONU se promulgó por los 193 estados miembros el Documento de Desarrollo Sostenible (ODS) creando la Agenda 2030 con 17 objetivos y 169 metas como plan de acción global en el que la comunidad internacional y los gobiernos nacionales promueven la prosperidad y bienestar común, y en el que las empresas son y serán elemento fundamental por su capacidad contributiva en el desarrollo en que operan y de trasladar sus conocimientos a otros actores y territorios.

El Pacto Mundial, los ODS y las continuas llamadas de la OCDE al mundo empresarial son motivos suficientes para justificar el compromiso político de las empresas, y en especial de las transnacionales, de crear mecanismos de protección de los derechos humanos y así conseguir un impacto económico y social positivos.

Mejorar la vida de las personas, compartiendo todos y cada uno de los 17 objetivos del ODS, contribuyendo al bienestar global de la sociedad al tiempo que crean valor, debe ser la meta de todo empresario que desee la excelencia en la calificación del negocio.

Amigo lector, si quiere crear valor para los accionistas, mejorar la estimación reputacional de la empresa y acrecentar las relaciones con los stakeholders, compartiendo el compromiso de un mejor bienestar global, puede iniciar el camino -el camino se hace al andar- adhiriéndose a los 17 objetivos de la Agenda 2030 sobre Desarrollo Sostenible. Estoy seguro de que este modesto consejo tendrá efectos multiplicadores en el ámbito de sus actividades y contribuirá a la construcción de un mundo mejor, al que todos estamos obligados.