Las bolsas, tras la elección de Donald Trump

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Ya se contemplaba hace unas semanas lo que a meses vista parecía imposible y el miércoles a primera hora de la mañana en España (última de la noche en Estados Unidos) se confirmaba: Donald Trump será el nuevo presidente de Estados Unidos, la primera potencia mundial.

Los mercados ya habían caído sensiblemente al calor de las encuestas, pero ya el miércoles, a medida que se iban cerrando escrutinios de los estados claves, las bolsas asiáticas acentuaban sus caídas, especialmente la japonesa (-5,36%). Parecía que se confirmaban los malos preludios de algunos gurús que aseguraban que una victoria de Trump supondría pérdidas superiores al 10% en las bolsas.

Pues bien, el mismo miércoles en Europa, a pesar de caídas iniciales que rondaban el 2% (recordar que con el referendum del brexit superaron el 10% aunque se recuperaron en días), la jornada acabó con ganancias, algunas superiores al 1% (Alemania y Francia), a excepción de Italia (-0,10%) y España, que también comenzó con pérdidas superiores al 2%, pero acabó la jornada cediendo solo el 0,40%. Incluso las bolsas americanas, al cierre de Europa, estaban en verde.

Siendo cierto que cuando hay un cambio de gobierno en un país, las bolsas que tienen relación con él suelen caer (al ser Estados Unidos podrían haber caído todas), pero no por lo que supone el personaje, sino por la incertidumbre de un gobierno nuevo.

No tenía sentido decir que las bolsas se hundirían con Trump (reiterando que a corto plazo pueden caer). En primer lugar porque allí cada ley se debe pactar con cada congresista y cada senador independientemente que sean repúblicanos o demócratas, y además porque las políticas económicas del programa de Trump son buenas para las bolsas.

Bueno, realmente sí hay una explicación a estos anuncios catastrofistas: meter miedo a los pequeños inversores, que vendan y dejen las bolsas baratas, momento en el que los grandes entran. Es algo que es fácil observar (hay indicadores de miedo) que se repite en la historia, y ojo, que a veces también se inyecta euforia y casi es peor.

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