Impresiones de la temporada turística

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Desde el punto de vista cuantitativo, y para la planta legal de alojamiento, la temporada turística está siendo muy buena. La ocupación de los establecimientos se ha mantenido, y en algunos meses ha mejorado significativamente. Los procesos de inversión y actualización de los establecimientos turísticos han servido para mantener, y en algunos casos, elevar los ingresos. Siempre hay cosas que mejorar, pero por motivos propios o ajenos, la temporada parece que va a concluir de forma muy satisfactoria para las empresas de alojamiento de Balears.

Sin embargo hay aspectos en el que podemos y debemos mejorar.

Se resume en el cumplimiento de la ley y las ordenanzas municipales. Somos conscientes del esfuerzo que hacen muchos servidores públicos en el desempeño de sus funciones, que no llegan a todo, en todos lados y a la vez, que es lo que les exigimos. Debe percibirse con claridad que Eivissa es un lugar donde se cumplen las normativas, y a quien no las cumple, se le hace saber.

Estoy pensando en muchas cuestiones. La primera de todas, las playas y la costa. De siempre, la playa y la costa han sido de todos, y por todos se ha podido disfrutar con normalidad. Sin embargo estamos viendo abusos, bien por potentados prepotentes (valga la redundancia), como por instalaciones empresariales que se apropian del espacio público. Son situaciones que se tienen que corregir y se debe defender el uso público de la costa y la playa.

También pienso en la ordenación del tráfico rodado. Como no se puede limitar el libre acceso de las personas y sus vehículos, hay que ordenar el tráfico con medidas eficientes. Procuremos a los visitantes alternativas cómodas y asequibles durante la temporada alta de verano, que eviten el uso del coche particular. No soy experto, pero hay cosas que se pueden hacer: parkings disuasorios, lanzaderas, prohibiciones de aparcar en los laterales de accesos (Cala Salada, este verano)...

Por último, no puedo dejar de mencionar el ruido excesivo, continuado, a deshora, que impide una vida normal a la población residente. No podemos evitar todo el ruido, pero ha de ser un objetivo la limitación horaria y de su intensidad.

Hay más cuestiones que no caben. Solo con las anteriores, hay mucho trabajo. La imagen de “masificación” se irá disipando conforme todos vayamos cumpliendo mejor las normativas.

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