Brexit, elecciones... ¿y ahora qué?

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A pesar de no ser la nuestra una de las democracias más antiguas y arraigadas del sistema político occidental, la democracia española ha dado un paso importante para afianzar la voluntad mayoritaria de su pueblo y acometer con determinación el trayecto que conviene seguir en el periodo político y legislativo que se abre a raíz de los resultados del 26-J.

Una cosa es cómo responden los mercados, más vulnerables a los oleajes políticos, y la otra es cómo lo hace la ciudadanía, más madura y también más crítica a la hora de dejarse llevar por las alarmas de recesión, por las coyunturas cíclicas negativas o por los discursos demagógicos que claman por un cambio más drástico.

De hecho, llama la atención la reacción furibunda de los mercados, el viernes 24 de junio, al conocer el resultado del referéndum que anunciaba la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Los principales índices bursátiles de la zona euro perdieron, en esa jornada, cerca del 10% de su valor. Y algunas de las compañías con mayor cotización se dejaron en los parquets unas pérdidas que superaban el 20% de su valor.

En el caso de las últimas elecciones en España, una de las conclusiones que nos han dejado es que las mayorías absolutas son cosas del pasado y que ahora se imponen los pactos. La formación de un gobierno sólido y con afán reformista y de regeneración democrática debe enterrar para siempre las prácticas de corrupción y de oscurantismo ocurridas en los últimos tiempos.

¿Se impondrá la sólida voluntad de pactos, que pide la ciudadanía, a la inquietud y debilidad de una coyuntura política y económica compleja y dispersa? No sería aconsejable llegar a una tercera ronda electoral. Parece más oportuno y consecuente que los partidos políticos interpreten la voz del pueblo, y que antes del 19 de julio, la fecha prevista para constituir las nuevas cortes generales, se haya establecido un pacto que anteponga el interés general al interés partidista.

Retomando el pulso al brexit, es necesario que la clase política occidental reflexione sobre las causas del No británico a la UE. La discreción política aconseja no hablar abiertamente de un tema que, en realidad, preocupa a una buena parte de la población de los países occidentales: la inmigración. El 76% de los británicos considera que los niveles actuales de inmigración son insostenibles y cree que serían más bajos tras la salida de la UE, según el sondeo de YouGov.

Este colectivo teme la dificultad de integración de los inmigrantes a su cultura nacional ya consolidada y el libre acceso al estado del bienestar y a los servicios sociales, que consideran propios y limitados a la población autóctona. El resto de los ciudadanos, los que disponen de una mayor formación, ve en la UE y en la globalización una oportunidad de crecimiento, y no solo en el ámbito de los negocios. Entienden que la inmigración ha sido el factor clave para la construcción de los países más ricos del planeta. EE.UU., Alemania, Australia o Canadá son el mejor ejemplo para encontrar el equilibrio.
No es fácil mantener la calma cuando los mercados se vuelven erráticos. Más difícil es mantenerla sin escuchar la voz de la ciudadanía. A partir de ahora estaremos al tanto de Bruselas y de Londres, para saber cuáles son los mandatos que se dictan para negociar la futura desconexión de Gran Bretaña. Y seguiremos de cerca lo que pase en Madrid, Barcelona, Palma, Maón, Eivissa o Formentera, para saber los giros de la política más cercana.

Observaremos con atención si se pactan las reformas constitucionales que eliminen los desequilibrios territoriales, o los acuerdos que permitan sanear las finanzas, estabilizar la situación económica, combatir la desigualdad social, fomentar el empleo y mejorar la sanidad y la educación públicas.

Este nuevo calendario político también deberá incluir, en primer término, una acción favorable a la inmigración y a la participación activa en la construcción democrática de Europa. Porque, como predijo Aristóteles hace 2.300 años, ‘la democracia tiene su origen en la creencia de que, siendo los hombres iguales en cierto aspecto, lo son en todo’.

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