Parque de Es Milà, en Menorca. | javier coll

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Las inversiones en renovables en Balears esperan su momento. La subasta que tiene que hacer rentables las nuevas instalaciones eólicas y fotovoltaicas no se ha convocado y el retraso dura ya dos años, lo que deja en standby muchos de los nuevos proyectos. Todavía no se ha superado el debate entorno al impacto visual que causan estas instalaciones, y el llamado impuesto al sol ha creado una gran polémica.

En este contexto, el Govern balear da por hecho que no podrá cumplir el objetivo 20/20/20 fijado por la Unión Europea, que pretendía en 2020 un triple objetivo: reducir las emisiones de CO2 en un 20%, mejorar la eficiencia energética en un 20% y que el 20% de la energía consumida sea de fuentes renovables.

En la actualidad, en Balears existen 38 parques fotovoltaicos con una potencia intalada de 79 MW, además del único parque eólico de las Islas, Es Milà, de 4 MW. Las energías renovables generadas en Balears abastecieron en 2015 menos del 3% de la demanda de las Islas.

Desde la Direcció General d’Energia i Canvi Climàtic apuntan que si todos los proyectos que están en trámite se aprovaran, se alcanzaría el 10% de consumo de renovables, eso contando con los dos megaparques de Santa Cirga (Manacor) y la marina de Llucmajor. Así se más que duplicaría la potencia instalada actual, y aun así alcanzaría solo la mitad de la cifra objetivo.
En Menorca, con los proyectos que se están planteando se podría llegar al 30% de energías renovables.

RÉGIMEN ESPECIAL. Desde agosto de 2014 está en vigor el Régimen Retributivo Especial de Renovables en territorios no peninsulares, que proponía como medida estrella pagar una prima a las nuevas instalaciones fotovoltaicas y eólicas por la potencia instalada que, sumada al precio al que se paga la energía en la Península, convertiría estas instalaciones en rentables. El Ministerio tenía que convocar una puja para otorgar las retribuciones y las cuotas de producción.
Sin embargo, se cumplirán dos años esperando a que el Ministerio la convoque y no se prevé que se haga hasta después de las nuevas elecciones.

Por el momento, los únicos parques que pueden ser rentables sin subvenciones son los de grandes dimensiones pero, sin embargo, causan un gran rechazo social por el impacto visual que generan. La rápida evolución de las tecnologías hace disminuir su precio y incrementa la eficiencia, lo que se traduce en menos consumo de territorio. La tendencia actual es promover las placas fotovoltaicas en cubiertas y espacios degradados como canteras en desuso, pero estas superficies no son suficientes para la energía que se necesita. En consecuencia, el consumo de territorio es inevitable.

IMPUESTO AL SOL. El autoconsumo en fotovoltaica tampoco está exento de polémica. El real decreto que ha impulsado el gobierno en la etapa final de mandato ha causado un gran rechazo social.

En resumen, es un impuesto a la energía solar autoconsumida que se cobra como peaje de respaldo. Establece algunas exenciones, como las instalaciones de Eivissa y Formentera y las inferiores a 10 kW. En Mallorca y Menorca el impuesto es inferior al peninsular. Además, la energía de más que genera la instalación fotovoltaica se vuelca a la red y no tiene retorno económico, se regala. En la práctica, ha supuesto un desincentivo a las renovables por tres motivos: la transitoriedad de la norma que crea una gran inseguridad jurídica, la desproporción de las multas por infracción y el que sea la única de Europa que grava el autoconsumo energético.