La cantante Zahara actuará este sábado en la Plaça Joan Carles I.

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Como amante del rock me decepcionan aquellos que, para criticar la música de artistas como Zahara, enarbolan la bandera de tótems como, por ejemplo, Bob Dylan, Band of Horses o Neil Young. Usan su obra inmortal para denostar el trabajo de alguien supuestamente inferior. Como si el pop hubiese forzosamente de postrarse a los pies del rock y rendirle pleitesía en calidad de género menor. ¿Acaso el pop es terreno exclusivo de adolescentes, ignorantes o, a lo sumo, un guilty pleasure de quienes ya tenemos cierta edad?, ¿acaso no pueden coexistir en un mismo MP3 Afghan Whigs, The National y Zahara?

La andaluza no podrá ser jamás el guilty pleasure de alguien medianamente inteligente, porque tan sólo hay que tener un poco de gusto y cultura musical para entender que Puta es un discazo de la cabo a rabo. Y punto. Dotada de una insólita capacidad de reinvención, la artista repasará su obra este sábado en la Plaça del Rei Joan Carles I, a partir de las 21.45, en un concierto sujeto al cartel de Sant Sebastià.   

Editado con su propio sello, Gozz Records, en su último disco, Reputa, Zahara se rodea de artistas como Alizzz, La Oreja de Van Gogh, María José Llergo, Carolina Durante o Rodrigo Cuevas, juntos reinterpretan alguno de los temas de Puta. El resultado, en opinión de la propia Zahara es «un álbum más ecléctico que el original, en donde hay espacio para géneros tan dispares como el rock, el techno y hasta el reggaeton».

Las relaciones, el desamor, la rutina y las dudas son sus habituales ejes narrativos, plasmados en canciones que pueden ser interpretadas de distintas formas. Sin mentiras ni medias tintas, todas ellas «hablan de mí, sugieren mi propia experiencia», reconoce. Su estilo autobiográfico adquiere protagonismo en Puta, su elepé más directo, personal y explícito. Un ejemplo vital de su fuerza como narradora es Merichane, parte central de este disco, un ejercicio valiente e incómodo donde cuenta en detalle algunos de los momentos más oscuros de su vida. Alejada ya de toda metáfora, la artista habla abiertamente de los hombres que abusaron de ella y de las cicatrices que le dejaron. El vértigo de la noche, las drogas, la resaca, los focos, los trajes caros y, sobre todo, lo mucho y lo poco que importa todo esto, se alinean en la trastienda de Puta. Álbum que, junto a un repaso a lo más significativo de su archivo, será objeto de revisión este sábado en Ciutat.